viernes, 28 de diciembre de 2007

Dos escaladas al Everest, crónica de las expediciones de Castilla y León (1999-2001)

Ficha:Miguel Ángel Pérez Álvarez. Dos escaladas al Everest, crónica de las expediciones de Castilla y León (1999-2001) Ed. Junta de Castilla y León. Valladolid. 2004. 216 páginas. ISBN: 84-9718-244-8.

En el año 1999 un grupo de montañeros de Castilla y León intentó subir al Everest, dos años después la misma expedición con algunas variaciones, lo consiguió. Este libro cuenta aquellas dos expediciones desde el punto de vista de su autor y está ilustrado con buenas fotografías en color.

El libro comienza explicando el porqué de esta expedición al Everest, denominada Samuel Rubio, en honor a un "maestro, montañero y poeta" leonés cuyo hijo Jaime fue el alma mater de todo el proyecto.

Después cuenta los preparativos que va jalonando con abundante información sobre la montaña: sus diversos nombres, su historia... los equipos de oxígeno, cómo se conforma el equipo humano, la búsqueda de patrocinadores, más historia...

Hasta que llegan a Nepal, país del que nos cuenta su historia, algo de su demografía y con una gran capacidad descriptiva, la ciudad de Katmandú jalonada con una interesante introducción al budismo.

El trekking hasta el campo base también se adorna con explicaciones sobre la fauna y la flora o sobre la historia del pueblo sherpa al pasar por Namche Bazar.

Ya instalados en el campo base, donde están solos, hay que decir que fueron en el postmonzón, empieza lo que de verdad buscan los montañeros, la acción. Preparar la cascada del Khumbu, ir equipando campos de altura, ir aclimatando. Lo mejor de todo es que lo cuenta como el montañero, experimentado, por supuesto, que se enfrenta a una gran montaña, a la más grande de todas, con sus miedos, sus dudas, su ilusión... muy sencillo y muy cercano.

Para no perderse es la anécdota del grupo de una revista italiana de moda que llegó al campo base con fotógrafos, maquilladores, vestuario y dos modelos suecas, rubias ellas, que hicieron pensar a los montañeros que estaban soñando. El propio Tente acaba de recordar en su blog la anécdota y ha puesto fotos y todo, si quieres verlo pincha aquí.

Finalmente, el mal tiempo les impidió hacer cumbre, pero les proporcionó una valiosa experiencia para su regreso dos años más tarde.

En 2001, en el premonzón, con mejor tiempo, más expediciones y más experiencia, tres de los montañeros: Martín Ramos, Pedro Rodríguez y Tente Lagunilla, lograron la cumbre. Fueron además, los primeros de la temporada que lo consiguieron, abriendo huella y colocando cuerda fija. Capítulo aparte merece, la narración del autor de su intento fallido a la cima con edema cerebral incluido, muy enriquecedor para cualquiera que quiera acercarse algún día a la montaña más alta del mundo.

Recomendado: Para cualquier montañero que quiera conocer la experiencia de una expedición normal, nada que ver con "Al filos..." y cosas así. La narración es acertada y transmite muy bien las sensaciones de aquella aventura, eso sí a veces abusa de la información adicional que ofrece. Para el que quiera aprender de Nepal, el budismo, el genocidio tibetano..., perfecto; el que ya lo conozca y busque sólo el aspecto montañero obviando el cultural, sólo tiene que saltárselo.

Feliz Año Nuevo

Antes que nada y para ilustrar las fotos sin perder un ápice de la elegancia que se exhibe en las fotos, me vais a permitir que ponga una canción que aquí viene pintiparada:
Aprovechando las vacaciones navideñas, dos miembros de The South Face Nisio Team, Quique y Andrés, se acercaron a las cascadas de hielo de Canalizos, en la Sierra de Béjar, para dar unos pioletazos y estrenar la temporada.
Sin embargo, el pésimo estado del hielo hacía inviable cualquier actividad. Menos mal que llevaban unos bonitos gorros de Papa Noel y pudieron hacerse unas fotos de esta guisa.
Aquí, el señor Bermejo.
Y aquí, el señor Iglesias. Patético, ¿verdad? Lo que viene siendo en nuestra línea.
Lo mejor es que estas absurdas imágenes sirven a la perfección para aprovechar y felicitar las Navidades (o lo que sea) y desear a todo el mundo un 2008 lleno de cumbres conseguidas y de experiencias vividas.
Si estáis escuchando la canción propuesta la siguiente imagen os sugerirá muchas, pero que muchas cosas...

domingo, 16 de diciembre de 2007

San Millán (2.131m), el techo de Burgos por la north face sin que sirva de precedente

La banda sonora de esta épica jornada no podía ser otra más que ésta:
Si te apetece puedes escucharla mientras lees el reportaje.

Siguiendo con nuestro proyecto 50 provincias-50 montañas, este sábado nos acercamos a la provincia de Burgos, para intentar coronar su techo: San Millán, en la Sierra de la Demanda. Mi primera intención era subir desde Pineda de la Sierra tal y como recomienda el libro Los techos de España, un camino fácil y de pendiente sostenida apto para todos los públicos.

Sin embargo, un conocedor de la zona como es el señor Pereda nos recomendó hacerlo desde Santa Cruz del Valle Urbión, más largo, pero también más bonito. Además discurre por la vertiente norte de la montaña y es un recorrido un poco más exigente. Así que, allí nos plantamos en esta zona maderera desde la que se veía, al fondo, nuestro objetivo del día, con muy poca nieve, pero muy helada, lo justo para complicarnos un poco la vida.

Lo cierto es que en esta ocasión logramos juntar una fantástica muchachada. A los habituales como Mr.Churches, el Sr.Navarro o mi hermano Jorgito, se unieron Don Enrique Bermejo, al que todos ustedes recordarán de la épica ascensión a la Torre del Friero, y dos nuevas incorporaciones: los míticos hermanos Pereda, Diego y Antonio que además se trajeron a su perra Suna.
Sobre las 10,30 de la mañana comenzamos a remontar el camino que discurre paralelo al recién nacido río Urbión. Abrigados hasta las orejas porque el frío era considerable, empezamos a andar aprovechando los rayos del sol, que apenas cataríamos en toda la jornada, ya que discurrió por la parte más umbría de la montaña. De hecho, creo que no subimos de cero grados en todo el día. Aquí se puede apreciar que, en efecto, formábamos una fantástica muchachada, con perro y todo.

La verdad es que el camino no tenía pérdida. Está bien señalizado con carteles primero y con mojones después. En este ponía que nos faltaban 6,7 kilómetros y dificultad alta. ¡Uy que miedo!
La helada que había caído aquí por la noche era grande y, bien entrada la mañana, ahí seguían sus huellas. Esto nos causó un pequeño dilema: nos subimos los crampones o no. Lo primero suponía calzarnos las botas de plástico, algo insufrible para los pies, o cargar con ellas hasta el momento de ponérnoslas. Al final decidimos salir con las botas de trekking y confiar en que la cosa, por arriba, no estuviera muy mal.
En efecto, la helada había sido importante.
Vamos, que había caído una helada de tres pares...
Ya metidos en el hayedo, precioso por cierto, había que cruzar el río...
La verdad es que se trataba de parajes de gran belleza. Sin embargo, presentaba alguna que otra dificultad, ya que algunas de las piedras sobre las que había que saltar estaban completamente heladas.
Esta circunstancia propició momentos de solaz y diversión para el grupo. Sobre todo para un servidor que, cámara en mano, me apostaba para captar uno de esos momentos de vídeos de primera. Finalmente, el protagonista fue Andrés, quien en la roca y las cascadas de hielo se mueve como pez en el agua y que en el agua se mueve... bueno, se mueve así:

Tras cruzar el río Urbión, la pendiente del camino aumenta.
Sobre las 13,00 horas llegamos al lugar conocido como la cascada. Aquí perdemos a dos de los integrantes del grupo. Suna, que no ha parado de correr arriba y abajo, ha empezado a hacerse alguna herida en las patas, así que Diego decide quedarse aquí y bajar tranquilamente con ella. El resto, comemos algo y seguimos hacia la cumbre.
Poco antes, nos encontramos con un tipo que bajaba con botas de plástico y nos dijo que la cosa estaba peligrosa, que él se había puesto los crampones porque, sobre todo en la parte superior había mucho riesgo de caerse. Con prudencia seguimos poco a poco. La verdad es que con un poco de cuidado no había ningún problema. Nieve en polvo, debajo algo dura, pero nada más.
Una miradita atrás para ver el valle que estábamos remontando.
Pereda y Quique iban muy fuertes y yo, la verdad, no iba muy fino. Pero ya no quedaba nada.
En el último tramo, más empinado, sólo había que fijarse un poco dónde poner los pies, pero nada más. Los crampones aquí eran exagerados, además los habríamos limado.
Así, algo antes de las 14,00 horas nos plantamos en la cumbre, donde soplaba el viento con ganas. En total, unos 1.100 metros de desnivel. Se me olvidó el banderín de nuestro patrocinador oficial, así que no sé si esta cima se podrá convalidar a todos los efectos.
Vídeo de cima...

...y parada técnica para una animada francachela en la que compartimos viandas y chistes malos. Eso sí un poco más abajo en la vertiente sur donde nos daba el solillo. Por la cuerda que sube en diagonal hacia la izquierda era el itinerario previsto inicialmente. Un mero paseo más monótono y menos bonito que la ruta que finalmente escogimos.
Para bajar, cresteamos hacia el Oeste...

...para evitar bajar por donde habíamos subido. Sí, por ahí.
Y luego bajamos hasta esta preciosa lagunita helada.
El resto fue un cómodo descenso, sólo había que fijarse un poco porque el que se cayera pagaba las cervezas abajo, que nos dejó de nuevo en el coche sobre las 16,30 horas.

En fin una buena jornada de montaña, con frío, unas risas y un doble logro, tachar dos cruces en nuestros dos desafíos más importantes El reto del alfabeto y 50 Provincias-50 Montañas.
Por cierto, las cervezas en la taberna de Santa Cruz del Valle de Urbión fueron amenizadas con bonitas historias montañeras en las que también participó el amigo de detrás de la barra que por lo que dedujimos, le daba bastante al tema.