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domingo, 4 de abril de 2010

De guía por Pirineos 1: De la pradera de Ordesa a Cola de Caballo

Hacía mucho tiempo que mi santa esposa quería volver a Pirineos. Concretamente desde que le enseñé los encantos de Aigüestortes, y de eso hace ya cuatro años. Cómo pasa el tiempo. El caso es que ella le había contado las excelencias de los paisajes pirenaicos a sus amigas y llevábamos tiempo intentando organizar una pequeña expedición. Al final, esta Semana Santa se produjo la alineación planetaria y hemos podido hacerlo. Eso sí, el mítico Mr.Churches no pudo acompañarnos, así que me iba a tocar a mí hacer de guía. El caso es que para introducir a gentes neófitas en esto de la montaña lo mejor es llevarlas a sitios espectaculares y accesibles y hacer marchas cortas y divertidas, así que elegimos Ordesa que cumple todos los requisitos. La logística no fue muy complicada, pillamos esta casa rural gracias a la fantástica web de Ordesa.net y allí nos plantamos el martes por la tarde. El miércoles por la mañana al abrir la ventana y ver esto supe que habíamos acertado con la elección.
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La primera ruta que hicimos fue la tradicional y frecuentada de remontar el valle de Ordesa hasta la Cola de Caballo. Este día todavía no estaba cerrada la carretera hasta la pradera. Mejor. Como nos habían dicho que arriba habría bastante nieve alquilamos un par de pares de raquetas y empezamos la jornada. Ahí van mis chicas. Bueno, mía, lo que se dice mía, es sólo la del medio, Raquel. A su derecha está Carol, que algo ya había caminado por el monte y a su izquierda Susanita, completamente nueva en estas lides y que estrenaba todo el equipo. En fin, vamos para allá, que parece que hace bueno.
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Mucho coche en la Pradera, pero la verdad es que esperaba más gente. Bueno, nosotros a lo nuestro. Ahí posan mis chicas con el Tozal del Mallo al fondo. Lo que les gusta posar...
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Vamos entrando en el hayedo abetal y el ritmo es bueno. Intento ir explicándoles algunas cosillas sobre la formación de los valles glaciares, la vegetación subalpina, para amenizar la marcha...
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...aunque la verdad es que no hace falta porque la grandeza del lugar las está dejando impresionadas. Y a mí también ¿eh? Que a estos sitios no se cansa uno nunca de volver, la última vez estuve por aquí con Óscar, hace ya dos años.
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Llegamos a la Cascada de la Cueva, que también les encanta...
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...y seguimos avanzando. No nos encontramos con mucha gente, alguna familia, alguna pareja, la mayoría sin el equipo mínimo, o sea, en zapatillas de deporte y vaqueros. No me quiero imaginar lo que será esto el jueves o el viernes...
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...a pesar de que nos lo tomamos con calma, paramos a hacer fotos, a contemplar las cascadas... vamos adelantando a la gente. Parece que están fuertes mis chicas. Eso está bien...
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...allá van, a tren...
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Alcanzamos las Gradas de Soaso donde empieza a haber un poco más de nieve. De vez en cuando tengo que escuchar el inevitable: "¿falta mucho?". "Nada, en diez mintos estamos en el Circo de Soaso", claro que luego me toca explicar lo que es un circo glaciar. Yo encantado, es bonito esto de hacer de guía.
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Venga un esfuercito para estas cuestecitas...
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...que ya estamos arriba...
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...¿había mencionado ya lo que les gusta posar a estas chicas?...
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Por fin, aunque no es absolutamente necesario, nos ponemos las raquetas que para eso las hemos porteado hasta aquí. Las chicas no tienen ningún problema en su utilización, sólo en su nomenclatura. inexplicablemente, Susanita no para de llamarlas "paletas"...
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Parece que les gusta esto de caminar con "paletas" y en un pis pas nos plantamos en la cascada de Cola de Caballo...
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...la verdad es que esperaba mucha más gente aquí. Supongo que la nieve y la distancia habrán echado para atrás a los más domingueros. Mejor.
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En fin, en ausencia de una cumbre posamos con el patrocinador, que estas chicas también son asiduas del Bar Llamas. si pasa usted por salamanca no deje de visitarlo, en la plaza de San Julián, junto a la Plaza Mayor, ¡Qué tapas!¡Qué menú del día!¡Qué botellines de Mahou!¡Qué terraza de verano!¡Qué ambiente!¡Qué eficientes camareros!
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Y después de estos consejos publicitarios, un pequeño vídeo.

Ahora, posemos para la posteridad. ¡Buena foto Carol, muy buena foto!
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Tras los retratos de rigor, comimos deleitándonos con el paisaje y sin tardar demasiado emprendimos el regreso. Sobre Sierra custodia empezaban a aparecer unas nubes que no me gustaban demasiado...
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Cuesta abajo mejoramos el ritmo y, además, con las "paletas", se camina evitando los resbalones en la nieve, que vemos por doquier entre los domingueros con zapatillas de deporte...
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Ya nos asomamos a la Pradera de Ordesa...
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...y el cielo no aguanta más y se pone a nevar. No pasa nada, mis chicas van bien equipadas. así que hacemos el último tramo bajo la nieve tan felices.
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Nos tomamos la merecida cerveza en el bar de la Pradera...
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...y cogemos el coche para volver a la casa rural. Allí, cambio mi función de guía de montaña por la de cocinero y preparo para cenar una ensalada templada de canónigos con gulas, salmón ahumado y bacon...
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...y unos chipirones en su tinta con guarnición de arroz blanco.
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Efectivamente, esta va a ser una Semana Santa montañera, cervecil y gastronómica. Como tiene que ser, que a esta vida no hemos venido a sufrir sino a disfrutar de todo lo que se nos ofrece y estas tres cosas son de lo mejor que hay: la montaña y comer y beber en compañía de los amigos. ¡salud!
Para terminar, aunque la zona es de sobras conocida y la ruta no tiene pérdida, dejo por aquí el mapita del recorrido para quien le pueda interesar. Sólo un comentario, no es que a mitad de camno me diera por subir a la punta Tobacor en plan Ueli Steck, el quiebro que hace el track es un fallo del GPS. Si, a pesar de todo te lo quieres descargar, pincha aquí.

Sigue aquí

lunes, 22 de marzo de 2010

Alpes suizos: Un poco de esquí y una raquetada

Después de algunas semanas de inactividad entre el accidente de Juanma y Alberto que le quitana uno las ganas de todo, el mal estado de la montaña y compromisos varios, la semana pasada regresamos a las montañas. Me refiero a Mr.Churches y un servidor, que Jorgito y Martita ya lo hicieron con el rotundo frascazo en el Teide de sobra conocido por todos. y que será difícil superar por generaciones venideras ¿Que todavía no lo conoces? Anda, pincha aquí y riete como el resto del planeta.
En fin, que como ya hizo Andrés el año pasado, nos fuimos a ver al amigo Manuel a los Alpes. Si el año pasado estaba por Austria donde Andrés probó las mieles del esquí de travesía, este invierno andaba por Suiza.

Aquí el chalet donde nos alojamos.

Uno de los muchos que hay en este cantón del Valais, muy cerquita de su capital Sion, conocida como la ciudad más antigua de Suiza.

Bueno, el caso es que habíamos ido a darle un poco al esquí alpino, una discilpina que algunos nisios aún no dominamos del todo, aunque también llevamos material por si se podía hacer alguna otra actividad. Al final tampoco hicimos grandes cosas, mucha nieve, temperaturas muy elevadas, alto riesgo de avalanchas y que al final eso del esquí engancha... Tras emplear un día en recordar los rudimentos básicos, que Andrés y yo sólo habíamos practicado unas tres veces anteriormente al final le cogimos un poco el truco. Sobre todo Andrés, que yo soy un poco más torpe. Ahí tenemos a Mr.Churches negociando una pista roja en descenso a Verbier, centro del complejo de Los 4 Valles, que tiene, agárrense, 400 kilómetros de pistas. En este link está toda la información por si alguno está interesado.

Y así echamos los días, unas bajadas, alguna que otra caída, remonte para arriba, pista para abajo y paradas a tomar una cervecita, que sitios no faltaban. en una de esas, Manuel sacó la foto de grupo, que no había presentado a la tropa. También estaban María y Erik, a quien los habituales recordarán de la reciente aproximación nisia al Pico Lezna

En fin que, para mí, una de las mejores cosas de este viaje, además de confirmar mis escasas aptitudes para el esquí, fue poder contemplar una vez más a los grandes colosos alpinos. Es lo que tiene que un remonte te suba a 3.300 metros sin despeinarte. Ahí estamos posando ante el Grand Combin (4.314m), Andrés señala con el dedo indicando que por allí, a 200 metros de la cima se quedaron Quique, Íñigo y él hacia ya unos años. Lamentablemente no hay material fotográfico para ilustrarlo, pero creeremos al chaval dada su trayectoria de fracasos montañeros.

El Grand Combin un poco más cerca...

Y un Grand San Bernardo más cerca todavía, qué majete.

Sigamos con las cumbres: la Dent Blanche (4.356m)
....el Cervino (4.478m)...

...otra vez el Grand Combin...

...y su majestad el Mont Blanc (4.808m)...

Y aquí todos juntos en un vídeo sin mucho zoom pero que da una idea de las vistas desde Mont Fort (3.330m) en teleférico.


Y al finalizar la jornada, a casa, ducha y lectura hasta la hora de la cena...

...o cervecita y siesta hasta la hora de la cena...

...si es que te dejaban dormir los cazas del ejército suizo, que andaban todo el día de prácticas en la base que tienen en el aeropuerto de Sion. Pero, si yo pensaba que estos tíos eran neutrales y pasaban de ejércitos?

El tercer día, terminé de resentirme de la lumbalgia que lleva ya un par de años tocándome la moral y me quedé en casa guardando reposo y tupiéndome a antinflamatorios. El resto de la tropa se fue a disfrutar, mírenlos, si es que son como niños...

El que disfrutó como un enano fue Andrés, que acabó bajando pistas negras y enfilando su carrera de sucesor de Alberto Tomba. Ahí bajan Erik, María y Andrés, por ese orden.

Aunque casi todos los días cenamos en casa, algún día bajamos a dar un paseo por Sion, que tiene un caso antiguo bastante majo...

...con rincones así de bonitos y curiosos restaurantes donde degustar crêpes, raclettes y fondues varias.

Luego, volvíamos a subir al chalet para deleitarnos con los atardeceres sobre las montañas del otro lado del valle.

El sábado, nuestro último día, decidimos acercarnos hasta el valle de Arolla, para dar un paseo con las raquetas de nieve. De camino, nos encontramos con estas chimeneas de hadas o como también las llaman por allí dames coiffées, o sea, damas peinadas, estas curiosas formaciones producto de la erosión.

Seguimos viaje y al ganar un poco de altura no podemos hacer otra cosa que parar el coche en la cuneta para deleitarnos con las vistas de la Dent Blanche. ¡Vaya montañón y vaya cara norte! Abajo el pueblecito de Les Haudères.

Un poco más cerca, parece que la montaña está ardiendo...

...Andrés quiso acercarse un poco más...

...para luego alejarse y captar una vista más general con un cielo precioso.

Cuando salimos de nuestro éxtasis proseguimos hsta Arolla, allí entre la oficina de turismo y la de los guías conseguimos algo de información. Pinchando aquí os ahorramos ese trabajo.

Desde que llegamos no podíamos apartar la vista de esa montaña, el Mont Collom (3.637m), que emergía sobre los tejados de las casas.

Así que, tras comprar unas viandas en un pequeño supermercado, nos calzamos las raquetas y empezamos a remontar el espectacular valle.

Hacia atrás dejábamos el pueblo, que también tiene algunos remontes...

...pero mirad la cara de felicidad del grupo. Por cierto, que la mía no era menor, con mochila y tirando de raquetas, la espalda no me dolía nada y eso que sólo había desayunado una tortilla de ibuprofenos.

A medida que nos acercábamos al fondo del valle, la cara norte del Mont Collon ganaba en espectacularidad, igual que el glaciar de Arolla, que cae por su vertiente occidental.

La nieve no estaba mal del todo, el día se estaba estropeando y nosotros caminábamos sin prisa siguiendo las huellas de bajada de los esquiadores.

Hasta que la cosa empeoró de verdad, se puso a nevar un poco y unas terribles rampas heladas nos obligaron a desistir... no se nota tanto que hemos tumbado la cámara ¿no?

Pues eso, que ya era hora de darse la vuelta y que tampoco queríamos meternos en jaleos, que bastantes avalanchas habíamos visto en las laderas del valle, así que para abajo.

Antes, por supuesto, paramos a comer el queso, salamis y mortadelas con un delicioso pan y nos hicimos la foto oficial con el emblema de nuestro insigne patrocinador.

Y ahora sí, para abajo.

Venga, un vídeo del lugar a ver si os hacéis una mejor idea de la grandeza de este sitio.

La nube seguía metiéndose y seguía nevandillo.

Andrés se hacía el remolón y disfrutaba cada segundo de estas montañas.

Allí vuelve.

Nosotros tardamos un poco más pero es que era nuestro último día y había que saborearlo.

Pues eso, que se queda uno sin palabras.

Ya vemos las casas de Arolla.

Ahora paseamos por el bosque...

...y llegamos al aparcamiento desde el que podemos contemplar la Aiguille de la Tza (3.668m).

Y como no podía ser de otra manera, acabamos la jornada con unas cervezas que, cumpliendo las normas no escritas que se aplican en estos casos...

...concluyeron con unos cánticos regionales, de la región del Valais, por supuesto.

Toda una experiencia esto de los Alpes, del esquí y que ya tenía yo ganas de volver a las montañas.
Si quieres descargarte el track de esta raquetada, pincha aquí. Y a continuación está el mapa de situación con la ruta que hicimos.