sábado, 12 de julio de 2008

Trekking tranquilo por los Alpes I: Chamonix-Lac Blanc

Sí, amigos. Éste verano por fin he ido a los Alpes. Mi santa esposa se empeñó... Así que nos alquilamos una autocaravana y tras meternos una buena kilometrada, llegamos a Chamonix. Nuestra idea era ver un poco lo más conocido y hacer unas rutas de senderismo no muy duras porque Raquel, después de un tiempo nada desdeñable sentada en una silla estudiando y, por cierto, aprobando su oposición no estaba en su mejor momento de forma.
En fin, que a media mañana, aparcamos el trasto rodante en este sitio, al ladito de la estación del teleférico de l´Aiguille du Midi. Estábamos algo más que cansados del viaje y era un buen plan para empezar: Subirse, echar unas fotos, contemplar el Montblanc y luego bajarse en la estación intermedia para darse un paseo por la ruta del Grand Balcon Nord hasta el Mer de Glace. Así que, allá vamos, con el respeto que me dan a mí estos aparatos. Me acojono en el de Fuente De, no os digo más... Por cierto, el precio también acojona bastante creo que eran 47€ el viajecito.



Una vez arriba cumplimos con varios ritos, por ejemplo hacernos la foto con el banderín del Llamas con el Mont Blanc de fondo. Sito tendrá que conformarse con ésta hasta que el año que viene el señor Navarro y yo le llevemos la de la cima.

La verdad es que un hormigueo me recorría las piernas al ver a los afortunados que iban y venían por la ruta del refugio de los Cósmicos. Pero no pasa nada, la idea de este viaje era disfrutar viendo las montañas y hacer un reconocimiento para cuando vuelva por aquí con un selecto grupo de The South Face Nisio Extreme Team.

Aquí, unos escaladores estaban disfrutando de lo lindo...

...y no os cuento la cara de satisfacción de este grupito que apareció en una de las terrazas del complejo éste de l´Aiguille du Midi. No sé de dónde venían, pero se veía que se lo habían currado por alguna vía chula hasta la aguja. Vale, a la vuelta he visto que se trata de la salida de la Cresta de los Cósmicos, que el amigo Geme se hizo poco después y donde se rompió la rodilla. Si quieres ver su espectacular ascensión, pincha aquí. Por cierto, al fondo el Mont Blanc.


Y en esas que empezamos a conocer los efectos de eso que llaman el mal de altura. Hay que recordar que subes de 1.035 metros a 3.842 en veinte minutos. Un poco de dolor de cabeza, cansancio al subir unas simples escaleras... total que estos pequeños síntomas le bastaron a Raquel para escatimarme el primero de los trekkings. Al final, decidimos bajar hasta abajo y acercarnos al Mer de Glace en el trenecito de Montenvers.


La verdad es que el sitio es la repera, aunque supongo que lo debió de ser bastante más hace un siglo... pero bueno. Así está ahora, con Les Grandes Jorasses al fondo.
Ya que estabámos en plan turista, entramos en la cueva de hielo. Muy curioso, eso de estar dentro del glaciar, sí señor.
Mientras esperábamos el tren de regreso, yo no podía apartar la mirada del Gran Pilar del Dru...

...ni del glaciar, de los Grandes Jorasses o de las agujas de Grand Charmoz, a la derecha.
De vuelta en Chamonix, dimos un paseo por el pueblecito, aquí está la estación de tren, para comprar unas postales con las que dar envidia a los amigos, cenar algo...

..ver los monumentos locales, como la estatua de Jacques Balmat... ...mirando escaparates me encontré con una tienda de estos tipos que no paran de plagiarme... mi sonrisa se debe a que ya he puesto el asunto en manos de mis abogados... se les va a caer el pelo.
Y así se acabó el día. Eso sí, desde la ventana de la furgoneta teníamos estas vistas. Un anaranjado atardecer sobre el Dôme du Goûter. A la mañana siguiente, tocaba el primer trekking, ahora sí. Nos íbamos a acercar al Lac Blanc, lo traduzco porque el nombrecito se las trae: significa el Lago Blanco. Siguiendo las indicaciones de la guía de Lonely PLanet que llevábamos, nos plantamos en la estación del teleférico de La Flégère donde coincidimos con ciclistas y parapentistas. Los tíos suben hasta aquí y luego se lanzan pa´bajo en sus respectivos medios de transporte. Pero nosotros íbamos a caminar, sí, hacia allí, hacia las Aiguilles Rouges. El camino, es claro. Una pista ancha que, para empezar, desciende unos metros que luego hay que recuperar.
Nada, cosa de veinte minutos para abrir boca. Allí se ve el chalet de La Flégère, desde donde salimos.
Tuvimos suerte con el tiempo y el cielo, sin una nube, nos ofrecía vistas así de espectaculares. Otra vez el Mer de Glace con los Drus, los Jorasses y grand Charmoz. Ni sé las veces que me tropecé, pero claro, quién se va a poner a mirar al suelo con este paisaje...
Raquel ya estaba recuperada de su "mal de altura" y caminaba con ganas y con el Mont Blanc de fondo.
En una de ésas, al echar la mirada atrás, vi a esta pareja que se había sentado a extasiarse con las vistas. Ahí abajo a la derecha están. Y si no los ves, pincha en la foto para ampliarla. Bonito, ¿verdad?
Atravesamos, algunos neveros. Hemos salido de 1.895 metros y poco a poco vamos ganado altura...
Un esfuercito más, que en este sitio ni se nota...
...y en menos de dos horas llegamos al Lac Blanc, situado a algo más de 2.300 metros. Cuando no hay tanta nieve, en el el laguito se reflejan las montañas y, por lo que dicen es más chulo. Bueno, pues ya volveremos otro día.
En la terraza del chalet que hay allí, nos pedimos una cerveza y nos encontramos con la pareja de la foto. Me dirijo a ellos en inglés, o algo parecido, y les explico que no soy ningún pervertido que fotografía a las parejas en sus momentos de intimidad, que me pareció una bonita estampa y que si me dan una dirección de email, se la envío cuando llegue a casa. "Thank you, we really appreciate it", me dice la chica. Por cierto, que hablando, me preguntó si era israelí. ????? "No, español", le contesté. Un francés que pasaba por allí, me miró, me señaló la barba y el sombrero y se río... No sé, juzguen ustedes mismos, en la foto que la chica nos hizo después.
La cerveza nos supo a gloria y las vistas, pues eran éstas.



Después de comer unos bocadillos, frutos secos y chocolate con vistas al Mont Blanc iniciamos el descenso hacia los lagos de Cheserys para completar una ruta circular.
Vamos para allá. ¿He dicho ya que las vistas eran de la órdiga?
Por esta pala de nieve echamos unas risas. Arriba se ve el Chalet du Lac Blanc.
Y en este tramo, equipado con unas escaleras, Raquel se lo pasó en grande. Entonces le hablé de las vías ferratas y ahora dice que quiere probarlo. Pues nada, otra que va a entrar en el Nisio Team, me parece.
Poco más de media hora tardamos hasta estos laguitos, desde los que también hay una foto clásica, pero claro, cuando no tiene nieve.

Seguimos descendiendo, ahora por un buen sendero...
... y paramos a hacer otro vídeo de lo que nos queda hasta La Flégère.

El camino que llevamos se cruza con uno señalizado con marcas de GR, es el del Tour del Mont Blanc. Entonces giramos a la derecha y vemos abajo Chamonix y allí al fondo La Flégère.
Por el camino encontramos una preciosa cascada y nos sentamos en el puente de madera a contemplarla...
...antes de continuar el camino. Ya no queda más que veinte minutos para volver a coger el teleférico. Esta misma tarde marchamos hacia Suiza así que, aún a riesgo de ser un poco pesado... nos deleitábamos en la contemplación del paisaje. Casi decíamos adiós al Mont Blanc.

miércoles, 2 de julio de 2008

Los corredores del Pico Faro

Si los compromisos sociales son una buena excusa para no salir al monte, la desidia y la vagancia son mejores y más habituales. Lo cierto es que las terrazas, al menos en mi caso, impiden cualquier actividad montañera. Así, no nos ha quedado más remedio que acudir a nuestra hemeroteca y seleccionar una de nuestras clásicas aventuras. Será la que lleva por título “Los corredores del Pico Faro”. Para acompañar un título tan peliculero, había pensado poner la música de Carros de Fuego, pero utilizando mi ignorancia.net no he sido capaz de añadir ningún acompañamiento sonoro, por tanto me limitaré a tararear el tema en cuestión mientras escribo, esperando que vosotros lo silbéis mientras leéis, si os place, por supuesto. Tranquilo, compañero, que yo te lo pongo: Quizá el título y la banda sonora no son del todo acertadas ya que “corredores” no había ninguno, ni nosotros con nuestra tradicional pachorra y lentitud, ni las condiciones de nieve habían conseguido formar alguno. Pero no se puede pedir demasiado a mi escasa imaginación. Además hay que crear algo de tensión en el lector, digo yo. Y así nos aseguramos la visita de algún internauta despistado.

Todo sucedió el 8 de marzo de 2008. Borja no se acordará, sobretodo por que no fue. Como durante todo el invierno, había más ilusión en nosotros que nieve en las montañas, por eso una vez más afilamos los piolets en vano, pero a cambio conocimos la zona del puerto de Vegarada, realmente recomendable.

Comenzamos en tomando un café y conversando con las gentes en Tolibia de Abajo, al fondo el Pico Bodón, si no la lío para variar.



















Durante la anterior semana había nevado por la zona, pero nos avisaron de que quedaba muy poca, que la nevada buena estaba por venir…y el tiempo les dio la razón…
Al llegar al puerto la niebla lo cubría todo, pero de vez en cuando se veía algún claro. Teníamos esperanzas de que el día se arreglara. Lo que no teníamos era ni idea de la ubicación del pico Faro. Simplemente traíamos una foto sacada de Internet. La primera duda era básica, ¿el monte está al lado derecho o al izquierdo de la carretera? Y esa pregunta se la hicimos a un grupo que se estaba preparando para salir en otra dirección. En su cara se reflejaba claramente lo que pensaban…va a llegar lejos esta pareja!!…y es que éramos dos, el gran Quique y Mr. Churches, el que escribe.



















Con las indicaciones en nuestra cabeza y la certeza de que nos perderíamos, nos adentramos en la niebla, con la alegría del inconsciente.



















La luz y las sombras, animaba al fotógrafo que todos llevamos dentro, en nuestro caso muy dentro…



















Poco a poco, ascendíamos pensando que abriría, había mucha luz.



















Pero en lugar de eso, la nieve se hacía más profunda y la niebla más densa.



















La verdad es que estábamos disfrutando…ahora foto con reflejo…



















Siguiendo nuestra intuición y el cauce del río, nos adentramos en una llanura en la que trazamos una línea recta hacia la nada. Al rato observamos una pronunciada ladera hacía la que nos dirigimos esperando salir de la niebla al ganar altura…y así sucedió. De pronto entre la bruma aparecieron los murallones del pico Faro.



















Era como si alguien de repente hubiera encendido la luz…



















Fantástico.



















Parecía que podíamos encontrar algo en los corredores, comimos y disfrutamos del paisaje.



















Quique con su vista de lince analizaba las posibilidades.



















Según nos íbamos aproximando, nuestras esperanzas de picar hielo desparecieron.



















Las condiciones de la nieve eran bastante pésimas y los corredores estaban sequitos.



















Decidimos cambiar nuestros planes y dar una vuelta por el macizo ascendiendo a los montes que se dejaran.



















El sol empezaba a picar y la nieve se fundía bajo nuestros pies, haciéndonos resbalar una y otra vez. Nos colocamos los crampones y nos lanzamos hacia la cima del Faro. La nieve se deslizaba ladera abajo haciendo un ruido constante.



















Yo jugaba con la cámara, me la habían regalado y me sentía feliz.



















La cima estaba cerca.



















Pronto alcanzamos la cuerda, y aquí Quique me sacó una foto, en la que se ve claramente que todavía no había empezado la operación bikini…



















Pronto llegamos a la cima, Pico Faro 2110 metros, cómo no había pañuelo del Bar Llamas, tendremos que volver.



















Desde aquí, pudimos ver la huella que habíamos dejado, parece mentira que no se viera dos con un burro y que no conociéramos la zona, lo habíamos hecho bien, alguna vez tenía que ser…



















Decidimos seguir subiendo montes, había uno muy cerca y hacía allí dirigimos nuestros pasos, pero antes nos asomamos para ver como son los corredores. Desde allí se veían facilitos, perfectos para nuestros intereses…La nieve, escasa…



















Más fotos…



















Charlando, charlando nos fuimos metiendo en la salida de los corredores para verlos mejor.



















Menudo invierno llevamos, pensaba aquí mi compañero.



















Lo cierto es que al final se nos olvidó nuestra intención de subir el monte cercano y seguimos hasta el collado.



















Desde aquí divisamos una curiosa formación…



















Decidimos dar la vuelta al murallón y subir por detrás…Me pareció ver desde la cima una vereda buena…Alegría…



















Yo, como con las cámaras nuevas no cuesta el revelado, le sacaba fotos a todo.
Utilizando la probabilidad, alguna quedaría bien…



















Fácilmente cogíamos altura, pensando que igual por el otro lado no íbamos a poder bajar, pero ese día la suerte estaba de nuestro lado.



















Así llegamos a una cima cuyo nombre no recuerdo.



















Desde allí nos dimos cuenta de que la cima que nos pasamos embobados en nuestra charleta sobre lo divino y lo profano parecía la más alta de la zona. Otra razón para volver…Tampoco sabemos el nombre, esperamos que alguien nos saque de nuestra ignorancia.



















Proseguimos nuestro camino, reconociendo cimas…



















A lo lejos quedaba el Espigüete que tanto nos gusta…



















Un par de fotos más y comenzamos a bajar, teníamos un largo camino hasta Salamanca…



















Otra...



















Y por último para despedirnos, el mensaje publicitario...