domingo, 14 de octubre de 2007

Paseo hasta el Roblón de Estalaya

Últimamente la cosa no está muy extrema, no.

Aprovechando este fin de semana largo decidimos quedarnos en casa haciendo algunas tareas domésticas como pintar la valla del jardín. Para ello contamos con la inestimable ayuda de, aunque parezca un tópico, mi cuñado José Ángel. Bueno también de mi cuñada, María José, y de las dos sobrinas más guapas del mundo, Vega y María.
Pero como no todo en esta vida va a ser trabajar, dedicamos el sábado a visitar la Montaña Palentina: sus pueblos, sus gentes, sus chuletones... y qué mejor forma de bajar unas calorías que dar un bonito paseo por el monte. Al atardecer, tras hacer una visita a la Casa del Oso Cantábrico, muy recomendable si se viaja con niños, nos acercamos a dar un paseo hasta el Roblón de Estalaya, un ejemplar centenario al que se puede llegar en unos cuarenta minutos sin mayores problemas que el desnivel, porque el camino está perfectamente señalizado.
Ahí están María José y Raquel a los pocos minutos de salir del aparcamiento. Vega se rezagó un poco para ponerse el polar, porque a la sombra empezaba a refrescar, pero con la ayuda de su bastón no tardó en alcanzarnos.Tras la primera rampa un poco dura, de los pastos se pasa al frondoso bosque en el que se esconde el abuelo, como se conoce al roble.
La luz se filtraba entre robles y hayas y ofrecía un precioso espectáculo de color que yo, con mi cámara nueva, apenas pude captar. A ver si le voy cogiendo el truco...
Y después de una rampa más, llegamos al enorme roblón.
Vega y María posan sonrientes y satisfechas por haber llegado hasta aquí. Me da a mí en la nariz, que estas dos van a ser buenas montañeras.
Y luego, otra vez para abajo, agarrándose a la cuerda para no embalarse por la fuerte pendiente.
Un poco más adelante, otra vez en los pastos de las vacas...
...y una última foto al perfil del Curavacas tras la puesta de sol antes de que se acabara la batería de la cámara.

Y eso fue todo.
El próximo fin de semana toca algo serio.
¿Qué cima será la elegida?
No olvides pasarte el lunes por the south face.

miércoles, 10 de octubre de 2007

Cañonera ha vuelto

Sí amigos, Cañonera ha vuelto.

Las últimas noticias de que Javier Jesús Gallego Regalado, la joven promesa, tiene montura nueva me ha hecho darme cuenta de lo dura que va a estar la competencia para poder estar la temporada que viene en las filas del Nisio Team.
Así que me he puesto manos a la obra y pies a los pedales y he empezado a entrenarme para estar a la altura de las circunstancias.
Con este relato queda inaugurada una nueva sección en este blog que en homenaje a aquel mítico tema de Wyoming y Reverendo he dado en llamar:
Con la mano entre las piernas mientras voy montando en bici
Todo empezó cuando me debatía sobre la mejor manera de hincarle el diente a un reportaje que tenía que escribir para el periódico. En esas sonó el teléfono. Era el Sr. Navarro que me proponía dar un paseo "suavecito", según enfatizó, en bici.
La excusa perfecta para dejar de trabajar, pensé. Me puse el traje de faena y bajé al garaje. Allí estaba Cañonera presta para la acción. Eso sí, con restos de barro de la última salida (eso fue hace meses) y con las ruedas algo bajas de presión.Pero bueno, allá que nos fuimos, por el canal de Castilla desde Grijota hasta Palencia, donde habíamos quedado. Siete kilómetros para calentar las piernas y para darme cuenta de que estoy francamente desentrenado. Tras cerciorarnos ambos de que iba a ser un paseo tranquilo salimos en dirección hacia Villamuriel, pistita cómoda y nada de desniveles.Parando de vez en cuando para hacer una foto aquí...
...y otra allá, que el color de la chopera lo merecía.
Así, en un ratín nos plantamos en Villamuriel. Donde está esta exclusa. La verdad es que para el que no lo conozca el Canal de Castilla tiene sitios preciosos. A ver si los voy enseñando poco a poco aquí en el blog.
Para no parecer demasiado tristes, nos subimos la cuesta del cementerio. Por asfalto, pero para mi actual estado de forma, simplemente matadora. Por eso no hay fotos, porque si paro a hacer una luego no arranco ni harto a Marques de Riscal. Desde arriba, cogimos este caminín que va a media ladera de el Monte el Viejo en un sube y baja que recordaba disfrutón, pero que esta vez me costó sudores.
Así, llegamos a un punto en el que había que decidir: hacia arriba o hacia abajo. Y como nos habíamos animado tiramos siguiendo a otro ciclista, bastante más ciclista que nosotros, por un sendero que iba ganando altura y metiéndose en el encinar.
Poco a poco, el camino se fue estrechando, empinando y llenándose de piedras y raíces. Navarro se paró a hacerme este vídeo. Juro por la Crítica de la razón pura que esto parecía más estrecho, empinado y pedregoso.

Llegamos arriba y como la subida nos había gustado, bajamos por el mismo sitio. Juro por la Crítica de la razón práctica que esto parecía más complicado y rápido.


No tardamos en llegar de nuevo hasta el Canal de Castilla, bueno sí tardamos porque un viento de frente nos frenó bastante en la bajada, y emprendimos el regreso por la orilla contraria.
Allí, entre charleta y parada por llamadas de móvil, el sol caía y multiplicaba el contraste de los amarillos y verdes. Qué bonito.
Unas pedaladas más, con lo que viene siendo el antifonario ya bastante maltrecho, y llegamos al maravilloso carril-bici con el que el Ayuntamiento de Palencia destaca en la vanguardia de las ciudades españolas.
Y eso es todo. 33 kilómetros para volver a tomar contacto con el maravilloso mundo de la BTT.
Para finalizar este relato, se ruega al amable lector que eleve una sencilla plegaria por la pronta recuperación de mis posaderas. De no hacerlo, le deseo que el dolor que yo sufriere le sea devuelto centuplicado.
He dicho.

lunes, 8 de octubre de 2007

Paseo por el valle de Tosande

Después de tres grandes gestas montañeras, este fin de semana tocaba una salida relajadita. Además, algunos cometieron ciertos excesos el sábado por la noche y lo más indicado era dar un paseo tranquilo para ver cómo va entrando el otoño por los bosques.
El escenario elegido para la ocasión fue el valle de Tosande, en la Montaña Palentina, que no supone más de un hora de camino, sin apenas desnivel y francamente muy bonito. Ideal para el estado físico y mental de algunos y también para que nos acompañaran nuestras contrarias, aunque Cristina, otra vez de guardia se lo perdió. Así, entre Raquel y yo, Salvia y Quique, y Andrés y su circunstancia conformamos una fantástica muchachada que pasada ya la una dejamos el coche en el aparcamiento y empezamos a andar.
Tras bajar por la pista, no tardamos en llegar al bosque, sobre todo de robles, que aún estaba bastante verde. Entre la maleza, algunos helechos empiezan ya a amarillear.
No tardamos más que una hora en llegar al punto en el que el valle se ensancha en esta bonita pradera. Las chicas impusieron un ritmo infernal durante toda la jornada y seguíamos sus pasos a duras penas. Los árboles de la ladera orientada hacia el norte ya empezaban a sacar los colores del otoño.
Un ratito más y ya llegamos a esa cabaña...
...donde sacamos la tortilla de patatas y la empanada al más puro estilo dominguero y comimos tranquilamente hasta que se habló de tomar un café. Pues nada, que nos dimos la vuelta y nos acercamos al Parador de Cervera de Pisuerga, a hacer la sobremesa en su terraza con las esplendidas vistas de la montaña de fondo.
Aquí, Andrés con pose de pastor al emprender el regreso.
Y así se nos fue el día, que no todo va a ser pegarse pateadas de diez horas y hollar cimas míticas, hombre.