lunes, 26 de abril de 2010

Fin de semana sobre ruedas. 1ª parte: Vía Verde de Vegas del Guadiana - Las Villuercas

Apurando los últimos días que le quedan a Jorgito para irse a Cuba, este fin de semana decidimos dedicarnos a coger un poco de fondo bicicletero. Como destino, nos decantamos por una provincia maravillosa que tenemos poco explorada: Extremadura y, concretamente, nos fuimos hasta Badajoz, donde se encuentra la vía verde de Vegas del Guadiana.
Esta vía verde comienza en Villanueva de Serena y llega hasta Logrosán, una localidad de Las Villuercas. En total son 56 kilómetros que como todas las vías verdes se construyeron para que pasara el tren antiguamente, aunque, en este caso lo curioso es que a pesar de las construcciones que se realizaron, por aquí jamás llegó a pasar ningún tren. Os cuento brevemente la historia: la idea original era unir Villanueva de la Serena con Talavera de la Reina por vía férrea. Las obras comenzaron en los años 20, cuando se construyeron unos acueductos monumentales y unos túneles que se mantienen a día de hoy. Con la guerra civil el proyecto quedó abandonado aunque posteriormente se reanudaron con la cosntrucción de nuevos tramos y numerosas estaciones. Finalmente, en los años 50, cuando toda la obra estaba casi finalizada, el proyecto se abandonó por los cambios sociales y la modernización de otros transportes... increíble pero cierto. Lo bueno es que por lo menos las obras realizadas han servido para que ahora tengamos unas vías verdes impresionantes como la que va de Vegas del Guadiana a Las Villuercas.
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Tras esta chapa a la que no os tengo muy acostumbrados comienzo a contaros nuestra aventura. Como la vía completa son 56 kilómetros, decidimos comenzarla a mitad de recorrido para que nos diera tiempo a volver, así que empezamos en la antigua estación de Madrigalejo que se encuentra a 28 kilómetros de Logrosán.

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La ruta como os podéis imaginar no tiene pérdida, sólo hay que seguir la vía...

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Desde el principio los paisajes que se pueden contemplar son impresionantes, pero lo más llamativo es la fauna de esta zona. Las cigüeñas están por todas partes. A cada cinco metros más o menos hay un poste con un nido y una cigüeña.
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Como casi todas las vías verdes, el desnivel de la ruta es muy pequeño pero, de todos modos, es aconsejable realizar siempre el tramo de pendiente a la ida y dejar la bajada para la vuelta, que aunque parece que es poco, la final las pierna pican...

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La primavera en esta zona extremeña está en todo su esplendor y todo estaba repleto de colores; amarillos, verdes, blancos, morados... (no me quiero poner cursi, pero estaba precioso!)

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Esta vía verde está muy cuidada y totalmente señalizada, en cada kilómetro aparece un cartel que te indica el punto exacto.

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Lo único que ves durante todo el recorrido son unos campos llenos de colorido, miles de pájaros y algún edificio abandonado que tiene muchísimo encanto, por lo menos para nosotros. Estos edificios son las estaciones que se crearon durante los años 50 para cuando el tren se pusiera en marcha. Están totalmente abandonadas pero lo increíble es que nunca se han llegado a utilizar.

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En concreto esta estación que acabáis de ver es la Estación Zorita-Lavadero. Se encuentra a 15 kilómetros de Logrosán y lo que hacen muchas personas que no suelen andar a menudo en bici es realizar el tramo de Logrosán - Zorita porque en total son 30 kilómetros, que no está nada mal. Así que desde aquí hasta Logrosán es más frecuente encontrarte con ciclistas que realizan la ruta.
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Unas cuantas fotos más de la estación Zorita-Lavadero...

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Y continuamos nuestro recorrido por los campos de Badajoz

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La verdad es que los paisajes eran tan exhuberantes que en algunos momentos parecía que estabas en "la comarca" y que de un momento a otro ibas a encontrarte con algún hobbit...

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Tras una hora y media más o menos dando pedales por fin llegamos a nuestro destino Logrosán.

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El punto exacto en el que comienza o finaliza esta vía verde es la antigua estación de la localidad que, al igual que el resto, nunca fue utilizada y además es muy curiosa...

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Como hemos llegado al final de la vía nos hacemos la tradicional foto de turno (cuando haya camisetas The South Face talla chica prometo que apareceremos con ellas Borjita...)

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Otra más por si acaso...

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¡ Y a tomar una cerveza que nos lo hemos ganado!


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El momento cerveza me encantó porque descubrimos que en Logrosán, al igual que en muchos otros pueblos de esta maravillosa comunidad, no ha pasado el tiempo! Las cañas cuestan sólo un euro y encima te ponen tapa, y por si fuera poco... todavía puedes encontrar locales míticos como esta churrería...


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o es normal ver por la calle a los burros tirando de un carro...

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Con las cañas y la foto de "cima" igual os pensábais que ya habíamos terminado la ruta... je,je, ¡quedaba toda la vuelta!

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Así que como hicimos el mismo recorrido pero al revés aprovechamos para hacer fotos en lugares diferentes, como estos puentes que te puedes encontrar a lo largo de todo el recorrido.


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La vuelta la hicimos sin ninguna complicación porque además cuentas con la ventaja de que es un poquito cuesta abajo


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Los paisajes seguían asombrándonos todo el tiempo...


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Como os comentaba antes, lo más llamativo es la fauna que te encuentras, por ejemplo, los buitres están por todas partes y aquí es más fácil verles de cerca... mirad qué majos...

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Estábamos alucinando con los buitres y nos habíamos olvidado de las cigüeñas, así que volvieron a aparecer de nuevo ante nuestros ojos porque no querían quedarse sin protagonismo...

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No sé ni cómo aguantaba el árbol con tantas cigüeñas! yo sólo pensaba en un chiste malísimo... (qué hace un pájaro grande encima de un árbol? PIIIOOO PIIIOOO)

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Aquí las cigüeñas más de cerca, es increíble.

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la vía también está repleta de otros animales como caballos, vacas, ovejas, cerdos...


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Sin darnos cuenta fuimos llegando a nuestro destino. En total 56 kilómetros en bici rodeados de un auténtico paraíso paisajístico. Una ruta llena de encanto.

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Así que para terminar como Dios manda... nos quitamos en un momentín los culotes y nos tomamos la caña de recompensa!

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viernes, 23 de abril de 2010

Los Hermanitos, su canal y el Torreón (2.401 m) de propina.

Esta pequeña historia que les voy a contar pasó hace unas semanas ya. A comienzos de Semana Santa, por tanto calculo que el día uno de abril, es decir un Jueves Santo. Mientras Borja estaba llevando a cabo el proyecto más ambicioso en su carrera alpinística, ir al monte rodeado de chavalas, Gaspar y yo habíamos pensado en actividades mucho más modestas. Aprovechando las vacaciones varios amigos regresaban a la capital charra desde sus residencias habituales allende las fronteras. Como no tengo muy ensayado, todavía, el don de la ubicuidad, decidí quedarme en Salamanca y desde allí realizar alguna actividad. Pero cuando se juntan viejos amigos después de largos periodos el resultado, por lo menos en mi caso, suele ser muy beneficioso para el gremio de la hostelería y desastroso para las habilidades mentales. Por eso muy tarde y con evidentes síntomas de resaca me encontré ese día aparcando la famosa Bala Roja o también conocida como Bala del Pirineo, en la pista que sube a Hoya Moros, en la preciosa sierra de Béjar.



Elegimos este destino por la proximidad, ya que, aunque habíamos quedado pronto, las sábanas me obligaron a mandar un mensaje retrasando la cita. El cielo azul no me permitía utilizarlo como excusa, pero Gas entendió. Aún así, emprendió alegre la marcha.



Un sorprendente atasco en la salida de Salamanca, nos retrasó aún más. Parece ser que una de las carreteras estaba cerrada, los estragos causados por las lluvias del invierno, siempre pidiéndola y cuando llega, no estamos preparados. No os diré la hora de salida para que no intentéis repetirlo en vuestras casas, diré sólo que cuando nosotros subíamos un grupo ya bajaba. Pero el monte se veía así de bien.



Subimos con buen ritmo y en pocos minutos ya estábamos en los meandros.



Seguíamos una huellas, supongo que la de la gente que nos encontramos bajando.



Yo había planeado un día tranquilito, ponerme a rueda de Gaspar y dar un paseo, pero él más descansado marcaba buen ritmo y se dirigía hacia Los Hermanitos.



La verdad es que no iba del todo mal, el aire fresco me despejaba la cabeza.



Hacía muy bueno, y ya que estábamos por ahí… la dirección era clara, me lleva a la canal.



No había nadie por los alrededores, pero gracias a la tecnología y el disparador automático pudimos salir ambos…



El día era bueno, la nieve estaba bien, no nos hundíamos…y había mucha.



Total, que a la canal fuimos. Gaspar no la había hecho, yo unas cuantas veces creo que esta es la cuarta o quinta vez. Es facilita, pero nunca la había visto con tanta nieve. Me preocupaba el merengue que se forma arriba. Pero fuimos para allá.



Con tanta nieve estaba bastante fácil, además te hundías lo justo, el primer tramo estaba para ir con bastones.



Yo no había cogido el casco ni nada, solo quería un paseo, pero Gaspar que tenía ganas, había metido un casco mítico, el que me dejó…La historia es la siguiente, se lo regaló el también mítico alpinista Miguél Angel Vidal, allá por el año 1997 cuando regresó de un invierno que pasó en el Himalaya, en la región del Khumbu, haciendo cascadas de hielo, fue cuando hizo la famosa Namche Bazar Ice Fall y otras cuantas, además de la ascensión invernal al Ama Dablam…vamos otra liga…y ahora lo llevaba puesto yo, así de bien.



Y así fuimos subiendo, he de decir que la noche anterior no estaba pasando factura, estaba bastante bien.



Gaspar, y la autofoto típica.



Ahora soy yo el que llevo la cámara. Vamos bien y rápidamente aparece el final. La verdad es que tenía tanta nieve, que no parecía tanta canal.



Poco a poco se empezaba a poner bastante pindia. La gran cantidad de nieve hacía que los metros finales se pusieran bastante verticales, era una pena que no hubiera un poco de hielo, pero buscamos y no había…



No recordaba de las anteriores veces un final tan vertical, y encima bajo un merenguillo…en fin. Viendo la foto parece cualquier cosa…Y la salida además te hacía poner poses un tanto curiosas para sortear el “techo” final de nieve. Había que fiarse de la nieve…en fin.



Total que salimos de allí. Y sacamos pecho, claro.



Subimos a Los Hermanitos, menos mal que ya hay fotos con el pañuelo del Bar Llamas de otras ascensiones anteriores, ya que como aquí no lo llevábamos, es muy posible que no nos hubiera contado esta cima para nuestros seguidores más ortodoxos.



La semana anterior habíamos estado en el canchal del Turmal y nos quedamos con ganas de seguir hasta el Torreón, las prisas que siempre son malas nos lo impidieron. Esta vez, nos daba igual y fuimos para allá. Pero antes un vistazo al final de la canal.



Vistazo hacia el embalse de Gabriel y Galán.





Y cima de El Torreón.



Al fondo la sierra de Barco…y Gaspar señala el Turmal, pocos días antes estábamos allí señalando el Torreón



Como salimos tarde, pues ahora era simplemente más tarde, por eso las luces eran tan bonitas.



Nos daba igual llegar de noche, por tanto íbamos con tranquilidad.



En seguida bajamos hacia la hoya, era más bonito. Caminar entre los enormes bloques, un paraíso del bulder.



Había caído una pequeña nevada, probablemente la noche anterior y los bloques de granito estaban así de blancos.



Bajábamos recordando otras excursiones anteriores por estos lugares. Muchos años antes.



Otras líneas más complicadas se veían cargadas de nieve.



Caminado entre bloques con los hermanitos al fondo.



Desde aquí, la canal impone más.



Prácticamente no paramos un momento en todo el día, al final libramos y no llegamos de noche.



Total que al final salió un día bastante completo, ni en pintura me lo hubiera imaginado nada más despertarme, ni Gaspar nada más verme. Así nos despedimos de los meandros.