viernes, 17 de abril de 2009

De rebote, al Pico Cerroso 1.835m desde Ocejo de la Peña.

El olor a morcilla y unos fuertes ardores nos recordaron la expedición por el barrio húmedo de León de la noche anterior que bien nos ganamos tras la ascensión al Brañacaballo del día anterior. Pronto estábamos listos, eran 7:30 para nosotros, la 8:30 para el resto, se nos olvidó cambiar la hora. Nuevamente paradojas espacio temporales nos hacían llegar tarde… Salimos de León con un cielo despejado, la nube seguía metida en la montaña, dejando que el sol se extendiera por el resto del paisaje, nosotros desde el coche así lo veíamos. El calor se filtraba por los cristales animándonos a adentrarnos en la tormenta. Seguíamos con nuestra intención de subir el Susarón, pero los copos de nieve nos acompañaron desde poco antes de Boñar. El embalse del Porma mostraba una oscuridad que reñía con la nieve de las orillas, y asomando a ratos entre la ventisca era un espectáculo. Al llegar a Puebla de Lillo la nevada era importante.



El día anterior los cafés y las magdalenas nos habían aclarado las ideas, igual nos volvía a funcionar, probamos suerte en un bar de la plaza. La cosa no pintaba bien.



Pero ya que estábamos allí, decidimos salir. Pero poco a poco, la idea de convertir ese domingo en una jornada gastronómica tomaba fuerza. No era para menos, cada vez nevaba más.



Pero podíamos abrir el apetito en las laderas del Susarón, con bastante pereza nos dirigimos al punto de comienzo de una de sus rutas. La niebla se había apoderado de todo y la nieve caía con más alegría. Decidimos bajar hacia el sur, buscar un poco el sol. Mientras mirábamos los restaurantes en Boñar, recordé unos montes que había visto en nuestro libro de cabecera, 50 montañas de la Cordillera Cantábrica de David Atela, se trataba del pico Cerroso y la peña Rionda. Un par de fotos habían despertado mi curiosidad, sobretodo la del pueblo en el que comenzaba la ruta, Ocejo de la Peña. Para allá nos fuimos a buscar nuestra suerte. Nos recibió en plena ventisca, pero la nieve no había cuajado. Algo de abrigo en la mochila y partimos a caminar un rato.



Por encima de la comarca de Guardo y Cistierna, un pequeño desfiladero nos daba acceso a Ocejo de la Peña. El tiempo muy revuelto pero nos daba esperanzas.



Justo, sobre el pueblo un camino, nos llevaba hacia unas peñas habitadas por el buitre.



Aquí el buitre, disfruta observándonos e imaginándonos como presas entraditas en carnes.



Pequeños valles y cortados conforman un bello telón de fondo.



Desde las alturas, hago la foto que aparece en el libro de David Atela, así Ocejo de la Peña atrae a cualquiera.



Entre enormes peñas, una puerta natural con una valla metálica nos abre a un valle en las alturas de sublime belleza. Al fondo el Pico Cerroso.



Nada más cruzar este paso, clave en caso de niebla, nos encontramos con esto…



La hierba, los caballos correteando, y el paredón del pico Moro ó peña Mora para otros. Y además algunos claros nos dan a entender que será un gran día.



Mi mirada se dirige constantemente a una preciosa canal que seguro este año ha tenido nieve suficiente. Me pregunto como se llama, se podrá subir en invierno, y si se puede…podría yo??…



Más o menos por aquí decidimos intentar la Peña Rionda al verla tan esbelta. En nuestra guía indicaba que teníamos que haber ido por la otra cara, con pasos de II, por esta cara trepar al collado y luego por hierba expuesta llegar a la cima. Pues vamos desde aquí…



Durante todo el día, pequeños copos caían lentamente. La nube traía frío.



La subida era simplemente entretenida, había que utilizar las manos.



Había que tener cuidado, la roca se deshacía. La peña Mora nos atrae, hay que volver.



Al fondo, el pico Cerroso, más cerca Jorge observa como nieva en todos los montes que nos rodean, el temporal nos respetaba, nos acompaña la suerte.



Al llegar al collado la cima estaba cerca, simplemente teníamos que rodear el nevero y subir hasta la cumbre. Nada más pisar la nieve veo que no hay nada que hacer. El viento la ha dejado dura, dura. Nuestros bártulos, crampones, piolets, están en la furgoneta…el resbalón era serio. Si mis botas no agarraban, las de Jorge menos con su suela desgastada. No es plan, no vaya a ser que tengamos que llamar al amigo Tente y nos vea sin crampones… Desistimos, ya volveremos hay más días que longanizas.



Sí, quedaba poco…ir por la roca tampoco estaba claro, había una fina capa de nieve sobre ella. Aún así el Pico Moro se veía espléndido.



Pues para abajo…al principio cresteamos un poco.



Luego encontramos y destrepamos una pequeña canal para volver a la tranquilidad de los prados. La cumbre del pico Cerroso nos esperaba plácidamente iluminada por el sol.



Algunos hitos, marcaban la subida y copos despistados caían suavemente. Las nubes negras, a lo lejos, dejaban nieve en abundancia.



Últimos metros para la cumbre…



En la cumbre repito de memoria la foto que David Atela publica su libro…



Y por supuesto, foto oficial con nuestro patrocinador Bar Llamas… Al fondo se distingue perfectamente la nevada.



Otra foto de las peñas desde la cima…



Mirando a peña Rionda y al pico Moro. Les colocamos sendas X.



Otra X la tiene el pico Jaido, ya se la habíamos puesto cuando subimos a las Pintas, éstas detrás reciben la nieve.



Pico Moro y Peña Rionda la de veces que saque fotos similares a ésta.



Jorge en la cumbre.



Deambulando por la cima, el Jaido nos impide ver el pantano de Riaño al norte.



Definitivamente, había que bajar. La Peña Rionda nos ofrece un afilado perfil…



Al bajar, otra montaña capta nuestra atención, creo que es Peña Negra, se admiten, por supuesto, correcciones…



No tengo palabras para definir un paisaje de estas características.



Por si fuera poco, cómo si necesitaran más personajes para crear una sensacional imagen bucólica, aparecieron un par de caballitos... curiosos y hambrientos, se acercaban tranquilos.



Al trote llegaron unos cuantos más.



Se hacía tarde, yo tenía que tomar un autobús en Valladolid, pero me daba igual, no era momento para estresarse, aún así había que bajar…



Del pico Cerroso bajamos a Ocejo siguiendo un riachuelillo, al principio parecía que había camino, pero luego desapareció. Finalmente seguimos el regato.



Las imágenes que se sucedían eran de gran belleza.



Y finalmente volvemos al pueblo, completando una bonita ruta circular. El tiempo nos había respetado.



Tenía que pillar un autobús en Valladolid por eso salimos escopetados. Era una pena, me había hecho a la idea de que ese día tenía que terminar en una soberana pitanza, pero en lugar de eso conocimos unos montes que realmente merecen la pena.

martes, 14 de abril de 2009

Valdecebollas (2.139m) Corre, corre... que vuelve el temporal

Es lo que tiene intentar aprender a esquiar a estas edades... uno se descuajeringa la rodilla... lo de la lumbalgia causada por una mudanza en solitario mejor ni lo recuerdo... En fin que debido a estas dos lesiones de las que afortunadamente ya estoy recuperado y a los diversos compromisos sociales que me acechan últimamente, y eso que aún no ha empezado la temporada de bodas, llevaba casi dos meses in salir al monte. Concretamente desde que el 14 de febrero concluyó con éxito la Expedición Ramafloja al Atlas.
He sentido el dolor de tener que mirar con envidia las montañas desde el coche sin tener la mínima posibilidad de soñar con su cumbre... En fin que tras escaparme un par de veces en Semana Santa por la Sierra de Gredos ayer, lunes, el mono seguía corriendo por mis venas. Así que en cuanto terminé de trabajar a las 14,00h me fui para casa cogí la mochila y me fui a echarle un tiento al Valdecebollas. Las previsiones en la zona eran malas, malas, pero la cámara web de Alto Campoo transmitía un cielo azul, así que para allá que me fui.
Tras pasar por el collado de Somahoz a la provincia de Palencia y atravesar Salcedillo me detuve un momento para hacer una foto de mi objetivo. Así de paso hago un pequeño croquis de la ruta. Los puntos azules indican la parte que se hace por detrás del Sestil.

Enfilo la carretera hacia el refugio del Golobar. Ya han arreglado el desprendimiento que me encontré la última vez que vine por aquí, pero este inexplicable nevero me obligó a dejar aquí el coche.

Comí un poco del hornazo que me sobró del día anterior, obsequio de mi cuñado. ¡Qué grande, Álvaro, qué grande! Me pertreché y empecé a remontar la carretera hacia el destartalado refugio (1.750m) que, al parecer, el Ayuntamiento de Brañosera quiere recuperar. Que sea para bien. Algunas nubecillas aparecían en el cielo azul.

Camino tranquilo, hace calor y tampoco quiero forzar la rodilla.

Llego a la zona nevada. Se pisa bien, hace calorcito y me encuentro bien. Es lunes y estoy subiendo a una montaña. ¿Qué más se puede pedir?

Hacia arriba lo que me queda por subir hacia el Sestil.

Hacia abajo lo que ya he subido con el refugio a la izquierda. No llevo mal ritmo, no.

Al llegar a esta zona herbosa, miro hacia el Sestil y veo una gran nube que llega desde el Oeste. Pues esta vez los de la Agencia Estatal de Meteorología tampoco se van a equivocar, no.

Hacia el otro lado veo una bonita cornisa y las musas me brindan un momentico de inspiración...

...la verdad es que los juegos de luz que propician las nubes y el sol ayudan. Ya sólo me queda remontar esta palita de nieve. No me pongo los crampones porque se pisa bien.

Al llegar al collado (2.040m), marcado con este gran mojón, veo el Valdecebollas y las nubes que vienen. Habrá que darse prisa.

Con ayuda del zoom se ve el torreón de la cumbre y se aprecia que las nubes vienen cargaditas y dispuestas a hacer su trabajo.

Hacia el otro lado del cordal de Sierra Híjar veo al fondo Peñalabra y asomar la punta de Tres Mares. Por ahí anduve hace un tiempo.

Hacia el oeste, identifico Peña Prieta...

...y hacia el norte los Picos de Europa. Abajo está La Pernía y esa peña que se ve es Peña Abismo, creo.

Venga, vamos a seguir, a ver si no se nos complica la tarde. Lo bueno que tiene esta montaña es que se puede hacer una ascensión rápida.

Vuelvo a pisar nieve y me abrigo un poco, que empieza a soplar un aire fresco.

Pierdo un poco de altura hasta este collado y afronto con decisión la última rampa, que ya nos dijo una vez un aldeano que "la mejor calefacción es una cuesta arriba".

Ahora sí que no queda nada ya veo ahí la cumbre.

Es así, muy llanita y los últimos metros son casi un paseo... si no fuera por el viento...

Un par de pasos más y ya estoy en la aparatosa cumbre. Menos de una hora y media le eché parando a hacer fotos. Una cumbre accesible.

¡Yupii! Foto oficial en el Valdecebollas (2.139m)

Llamo a mi santa esposa para que no se preocupe, que estoy bien y a Andrés para darle envidia. Consigo ambas cosas. "Quedo como un esposo atento y Andrés me dice que está currando. Me subo al "pequeño hito" y grabo un vídeo.

Una ronda circular de fotos. Hacia el este, creo que aquello es Castro Valnera. Me corrijan los que lo sepan seguro, por favor.

Ahora ya se ve perfectamente el cordal que hice en agosto, de derecha a izquierda: Cuchillón, Tres Mares y Peña Labra, "mascarón de proa de la Montaña Palentina", que diría Miguel Ruiz Ausín.

Y hacia el oeste Curavacas y Peña Prieta, otro cordal que recorrió un selecto equipo de The South Face Extreme Nisio Team en la tristemente recordada 1/2 Integral de Fuentes Carrionas al filo de lo impresentable pero con orejas.

Y vamos para abajo que la cosa se pone fea...

...una última mirada a la cumbre... eso negro de arriba debe de ser el temporal que anunciaban para esta semana que llega puntual.

Una carrerita para descender que me recordó que las rodillas no están recuperadas del todo y en 35 minutos estaba en el coche. De regreso, me paré en Fontibre, nacimiento del Ebro, la que lía después esta fuente de agua... Saludos desde aquí a los amigos de Deltebre.