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jueves, 12 de noviembre de 2009

Un invierno en Austria II. (Pais de nieve)

Viene de aquí
Para celebrar que las primeras nieves han dejado su blanco manto en algunas de nuestras montañas, he decidido retomar una historia, ya lejana, que dejé como tantas otras, pendiente de su debida finalización. Se trata de un episodio más de la serie Nisios por el mundo, en este caso abordaré el segundo capitulo de lo que llamamos pomposamente un Invierno en Austria y digo pomposamente porque fueron solamente unos días. Los que lo leyeron, no lo recordarán ya que no somos de los que dejamos huella, para ellos y para aquellos a los que ahora les pueda interesar, diré que me fui a esas lejanas tierras con la intención de aprender a esquiar, como dice Gaspar, “el esquí de travesía es el futuro”. Total que hice mis primero pinitos siguiendo los sabios consejos de Manuel que demostró paciencia y saber hacer. Aún así, como en tantas otras ocasiones el alumno se alejó del maestro y así, me estampé, por no decir que me metí una buena hostia, que también vale. Resultado, una lesión de rodilla que gracias a una rodillera y unas buenas dosis de espíritu nisio no impidió que siguiera con mi aprendizaje. Para los que, sabiamente, no leen estos interminables párrafos y con lógica sólo ven fotos, va la primera…



Habíamos tenido algunos días de mal tiempo, pero el día que saqué estas fotos amaneció esplendido.



El objetivo era hacer una de las etapas de la famosa Silvretta, concretamente la que sube al refugio de Wiesbadener Hutte…pero mirad que fotos…



Total que para asentar los pocos conocimientos que estaba adquiriendo, esquiamos en algunas estaciones del valle de Montafon. Y poco puedo añadir a los paisajes que teníamos.



No sacaba mucho la cámara ya que cuando menos lo esperaba terminábamos los dos semienterrados, sobre todo ella que no se diseñó a prueba de nieves…



Si no recuerdo mal, esta la saqué en la estación de Gargellen, digo ese nombre ya que es de los pocos que recuerdo… cuánta neurona ociosa tengo…



En fin, qué lugares…



Y llegó el día, el plan era, salir desde Silvretta Haus, cruzar el lago helado de Silvrettastausee y por le valle de Ochsental hasta los 2443 metros del Wiesbadener Hütte. Pero amaneció así, negras nubes acechaban en el horizonte…



Curtidos como estamos en días así, no dudamos en salir.



La cosa se ponía cada vez más fea, y yo lo tenía claro, en caso de problemas bajo a patita como toda la vida, pero esto de los esquís, engancha. De vez en cuando el hielo del lago se dejaba ver en las huellas de nuestras tablas.



Nos dirigíamos hacía la nada, siguiendo las huellas de unos aguerridos que se asemejaban al modelo esquiador de terminator. Al poco de entrar en el Ochsental se dieron la vuelta, no había más que hablar, si estos se daban la vuelta imaginaros yo con mi técnica recién adquirida. Aquí poso con la cara del que se ha quedado sin su bautismo en la Silvretta.



Todo llegará… como llegó el mal tiempo. Una oscura mañana siguió a una noche de intensa nevada. Había mucha nieve y blanda, no íbamos a tentar la suerte, dejamos las tablas y optamos por las raquetas. Pese a que casi me descalabro, he de decir que fue una triste despedida, prometiéndome que al volver a España seguiría aprendiendo. Hasta hoy… y así salimos…



El plan era el siguiente, recorrer la pista hacia Grabs, de ahí hasta el Alpila Alpe a unos 1900 metros y de ahí subir al Tschaggunser Mittagspitze de 2168 metros y como hablar con el mapa no cuesta dinero y ya que está muy cerca subir al Schwarzhornsattel de 2166 metros. Como en la mitad del trayecto había un bar, no podía salir mal.



Recuerdo que la nevada era silenciosa, a veces paraba… caminábamos en una postal.



Hasta Grabs a unos 1360 metros, el camino era fácil, una pista en la que te hundías poco, siempre me ha costado poco llegar a los bares.



Después de este punto, ya en el primer paso me hundí hasta la cintura, con raquetas y todo. El olor a humo de hogar y la certeza de que la cerveza estaba fresca, estuvo a punto de hacer que allí mismo terminara nuestra andanza. Pero una huella de moto de nieve había asentado un tramo y decidimos continuar por el.



Algunas veces entre los árboles, se dejaba ver el valle, oscuro bajo la nevada.



A mí me gusta caminar así, sobre todo con estas imágenes.



A estas alturas, ya nos habíamos puesto como objetivo llegar solamente al Alpila Alpe, no había huella alguna y te hundías bastante.



Y así apareció el Alpila Alpe, y de milagro, poco más y estaba enterrado, bueno será “ennevado”



Y es que caminamos entre las casas y casi a veces sobre las casas…



A estas alturas no tenía ningún sentido decirlo, era tarde, pero un pequeño claro me animó a comentar “seguimos hasta el monte, la cima se ve a la izquierda...”. Unos segundos después comenzó a nevar de nuevo y todo se tapó. La mirada de Manuel lo decía todo.



Pero pudimos hacer alguna foto del lugar.



La nube se metió con fuerza, al poco no se veía nada. Pues para abajo…



Sólo teníamos que seguir nuestras huellas.



Y disfrutar del momento, que era de los buenos.



Manuel, me tenía que esperar cada poco, la rodilla no me dolía pero bajaba despacio, con cuidado.



Pronto apareció Grabs, ahora sí bajábamos más rápido, ya teníamos la cerveza en la cabeza…



Y entre árboles y conversaciones tan acertadas como lúcidas, continuamos el descenso.



El día tocaba a su fin y con él mi pequeño viaje por, como dijo el amigo Kawabata, el País de nieve.



Eso sí un día como este, tenía que terminar de la mejor forma posible. Y lo hizo.



Sirva el relato para abrir boca no sólo con la imagen de la soberbia pitanza sino también con las de nieve. Esperemos que el invierno que se avecina nos la traiga en grandes cantidades, y se haga cierto el dicho, que año de nieves…

jueves, 26 de febrero de 2009

Un invierno en Austria I.(Lindauer Hütte 1.744m)

Varios amigos a los que considero poseedores de grandes virtudes en general y sensibilidad estética en particular, han coincidido en decirme que una de las cosas más espectaculares que han hecho en el monte es la archifamosa travesía Chamonix – Zermatt. Dado que el espíritu nisio tiende a la envidia, no es de extrañar que lleve varios meses con la idea de liar al Extreme Team y lanzarnos a esa aventura. Por ello, siguiendo las leyes básicas de las sucesiones, he decido empezar por el principio, aprendiendo a esquiar…Según cuenta la leyenda el ski moderno dio sus primeros pinitos en la zona de St. Antón, por qué no hacer lo mismo y comenzar yo a unos pocos kilómetros de allí, sobre todo cuando iba a tener a Manuel, un esquiador de primera, como profesor particular. Así a principios de febrero, me fui para allá. Coincidencias de fechas unidas a una clara incapacidad para duplicarme me impidieron estar en el Toubkal y en Austria a la vez, los nisios se desperdigaban sobre la faz de la tierra. De esta sales esquiando, me dijo Manuel después de darme la primer clase teórica mientras ponía las pieles de foca para aparecer en la foto de ésta guisa…

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Sí, son mis primeros minutos sobre unas tablas de ski…El bueno de Manuel llevaba varios días en la zona y había seleccionado algunas rutas fáciles para comenzar sus clases. Lo que no me había comentado era la belleza del lugar…

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Al otro lado de esas montañas, se encuentra Suiza… Una bonita ruta hubiera sido emular a la familia Trapp de Sonrisas y Lágrimas cruzando por algún collado. Pero eso, de momento, para mi es un imposible.

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El objetivo de hoy era aprender a frenar, la famosa “cuña”. Para ello Manuel había elegido el camino va desde el pequeño pueblo de Tschagguns hasta el refugio de Lindauer Hütte a 1744metros.

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Subir con las pieles de foca era sencillo, rápidamente adopte los consejos de Manuel para mejorar mi estilo. Además contemplaba un bonito paisaje.

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No había buena luz, pero se disfrutaba igual.

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Charlábamos alegremente, cada vez que perdía la concentración observaba como Manuel se alejaba deslizándose elegantemente. Hay que pillar la técnica.

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La cosa no iba mal y poco a poco empecé a coger confianza olvidando que después tendría que bajar.

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Poco a poco mis movimientos se hacían más fluidos, animado por los comentarios de Manuel.

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Las montañas que cerraban el valle mostraban tremendos murallones.

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Pronto nos adentramos en el bosque, mientras de vez en cuando caía algún copo.

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Esta pala mas ancha es un buen lugar para que aprendas a girar…

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Aquí poso fingiendo cierta soltura en el manejo de mis nuevos apéndices.

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El terreno se volvió más pindio y Manuel se tenía que parar a esperarme. Las primeras gotas de sudor brotaron. El fluía entre los árboles, mientras yo me sentía torpe en las zonas estrechas y escabrosas.

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La niebla y el refugio aparecieron casi a la vez.

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Habíamos ascendido unos 1000 metros, pero con la novedad el tiempo pasó volando. La nieve comenzó a caer y por mi cara es evidente que todavía no me imaginaba la cantidad de hostias que me esperaban.

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Pero que más da…Mirar que feliz iba yo…claro, el que no esté preparado para tropezar cuando aprende algo, es que no conoce como funciona la vida.

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Y los últimos metros, ya sabéis pillar aire y poner cara de profesional indiferente, que nunca sabes quien te puede estar mirando desde una ventana.

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En el refugio comimos y tomamos una cerveza, bueno dos, necesitaba ración doble para volverme más audaz. Quitamos las pieles, me puse el casco, escuché la lección, la memoricé, hice un croquis mental de la posición de la rodilla con la dichosa cuña, respiré profundamente, me coloqué y creo tardé unos quince segundos en caerme…Aquí una de tantas…

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Pero la cuña la hacía, sí…

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Cuando no me caía, me tiraba. No te sientes, no te sientes, no te eches para atrás…

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Que paciencia tiene este hombre, por dios…pero gracias a ella le fui pillando el truco. Algo hizo también la sutileza de un comentario de Manuel. Aquí aprendes a frenar, si no lo haces…te estampas contra un pino seguro.

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Y empecé a frenar…

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El cuerpo es sabio, viendo lo que me costaba levantarme, poco a poco se fue adaptando a la nueva forma de viaje…

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Cada vez iba mejor, así comencé a preguntarme ¿por qué no habría empezado antes a esquiar?

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El último tramo era menos empinado y disfruté bastante.

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Parece que vas dominando, relájate, suéltate…

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Para llegar a las casas había una rampa bastante pronunciada, animado por Manuel, me atreví a bajarla pese a la posibilidad de que me tragara un puente o cayera directamente en un regato. Lo conseguí. Eso se refleja en la cara de felicidad con la que poso para la posteridad…misión cumplida…

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La casita en las montañas, nos esperaba.

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Al día siguiente, las clases continuaron en una pista de ski, en Golm. Amaneció un día espectacular.

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Teníamos que andar un buen trecho desde la casa hasta la pista de nieve en la que estaban aparcados los coches, eso te permitía sacar fotos como ésta.

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O esta…

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Incluso había una vieja serrería…

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Era un país bajo la nieve…

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No me subí la cámara a la estación de ski de Golm y me arrepentí. Los paisajes eran fabulosos.

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En las pistas, recuperé la costumbre de caerme. Manuel derrochaba paciencia infinita y me intentaba llevar hacia los lugares menos empinados. Pero hubo una castaña de dimensiones olímpicas…recuerdo que iba rápido o eso me parecía a mi teniendo en cuenta la velocidad a la que pasaban los demás esquiadores (probablemente los que iban a toda leche eran ellos, pero yo me amparo en las leyes de la relatividad y cuento la historia como me da la gana) en fin, que me caí y me hice daño. Continué esquiando pero al llegar a casa…

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Esta fue mi compañera desde entonces. Al día siguiente amaneció nevando con fuerza y yo cojeaba alegremente.

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En esas condiciones, no se podía hacer mucho…

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Caminamos por el pueblo viendo como la gente se preparaba para el carnaval.

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No nos pudimos aguantar y a pesar de mi cojera dimos un pequeño paseo por un bosque cercano…

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El camino llevaba hacía una zona llamada Grabs, estaba señalizada como GR.

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Es una buena ruta para hacer con raquetas…

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Había que hacerla con más tiempo, pero esa es otra historia que ya os contaremos…
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