Una vez concluido el relato de nuestra patágonica gesta, es hora de volver a las montañas de por aquí. Y qué mejor manera de hacerlo que dando una alegría a los cientos de miles de admiradores de la sección Al filo de lo impresentable que tantos buenos momentos nos ha hecho pasar a grandes y pequeños.
La historia que sigue a continuación tuvo lugar en el Puente de la Constitución de 2004, cuando andábamos haciendo como que nos preparábamos para nuestro viaje al Hielo Sur. Lo que allí estuvimos haciendo durante tres días fue, ¿cómo explicarlo? Lo mejor es que lo veáis vosotros mismos en
Deambulando por Picos al filo de lo impresentable
Todo empezó con unas conversaciones telefónicas entre Mr.Churches, mi hermano Jorgito y yo sobre nuestro destino en el puente, mis ganas de estrenar algo de material y la excusa de entrenarse un poco para lo del Hielo. Al final, decidimos ir a los Picos de Europa y con base en Posada de Valdeón, hacer todas las ascensiones que pudiéramos, aunque con un objetivo principal subir a la Torre Bermeja.
Y ya desde ese mismo momento empezamos a cagarla. Yo estuve mirando mis mapas y guías de la zona y decidí llevarme la parte del Macizo Central donde aparece la Torre Bermeja, mientras que Andrés se bajó de Internet una ruta que subía a la Torre Bermeja desde Soto de Valdeón.
Por la noche, llegamos a este pueblo con la furgoneta de Jorgito, donde dormimos bien juntos pero no revueltos. Fue a la mañana siguiente cuando comprobé una vez más mi estupidez al ver que mi mapa no nos servía para nada porque la ruta que Mr.Churches se bajó de la red era para la Torre Bermeja, 2.400 metros, Macizo Occidental y no para la Torre Bermeja, 2.598 metros, Macizo Central. ¡Dicotomía onomástica yo te maldigo!


En fin, que después de desayunar mirando cómo las nubes iban y venían sobre nuestro objetivo: definitivamente la Torre Bermeja del Occidental, también llamada Peña Bermeja, empezamos a caminar.




Además, los amables chicos que regentaban el albergue nos explicaron por dónde había que subir a la Peña Bermeja y así, con el estómago lleno, unas cervezas en el torrente sanguíneo y ganas de volver a intentarlo nos fuimos a dormir a la furgoneta.











Al otro lado del collado, el viento soplaba con fuerza, lo que no nos impidió hacernos una foto con pose, que para eso había cargado yo con el trípode. Después comprobé en la guía que, desde allí, la subida hasta el Friero, cuya sombra se proyectaba a nuestros pies, no era ni muy larga ni muy complicada, pero visto que la cosa estaba porque no subiéramos nada, seguro que hubiera sido tontería intentarlo.


Con el sol ya cayendo enfrente de nosotros bajamos a buen ritmo, porque subir, lo que se dice subir, no subimos mucho, pero bajando somos unos verdaderos hachas.

Tengo que confesar que entonces hicimos el juramento casi sagrado de que nunca contaríamos a nadie nuestra torpeza en aquellos días. Pero con la perspectiva que da el tiempo y las posibilidades humorísticas que brinda la sección Al filo de lo impresentable no he podido resistirme.
Además, después de escribir esto se han reavivado mis deseos de venganza, así que, ¡prepárate Peña Bermeja, que vamos a por ti! Con todos nuestros respetos y su permiso, por supuesto.
2 comentarios:
¿En la furgoneta? ¿Los tres? Hum...
Quiero llamar la atención sobre el resultado de la encuenta. Las 4 chicas que han votado solo subirán al monte a cambio de dinero. Es este momento no voy a emitir un juicio sobre si eso es bueno o malo. Por ahora solo es un hecho, aunque no creo que el tema de la furgoneta esté ayudando a que haya más voluntarias.
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