sábado, 20 de octubre de 2007

Paseo en bici hasta la esclusa de Ribas de Campos

Al coger la bici esta mañana me he dado cuenta de muchas cosas. La primera y más importante es que la rueda de atrás iba completamente frenada. Después he ido sacando conclusiones... ¡Claro! Por eso el otro día me costó tanto hacer los últimos kilómetros de vuelta a casa. En fin, sólo tuve que apretar un tornillo y a tirar millas.
El señor Navarro había tenido la deferencia de venir a buscarme a casa, en Grijota City, y, desde allí salimos por el Canal de Castilla, esta vez hacia el norte en dirección a Ribas de Campos, donde se encuentra uno de los lugares emblemáticos de esta obra de ingeniería hidráulica del siglo XVIII.
El camino de sirga nos volvió a ofrecer bonitas estampas. En apenas tres kilómetros nos plantamos en El Serrón, el lugar en el que el Canal de Castilla se divide en dos: el Ramal Sur, que llega hasta Valladolid, y el Ramal de Campos, que muere en Medina de Rioseco.
Hacía una temperatura agradable, lástima del ligero viento en contra, y pronto empecé a olvidarme de los síntomas de pequeña resaca fruto de las tres copas que me tomé la noche anterior. Si es que uno ya no tiene veinte años...
Tras cruzar la carretera CL-613 por La Venta, cambiamos de margen para que nos diera el solillo... Este sitio es francamente bonito y lo mejor es que lo tenemos al ladito de casa. Además, no´ suele uno encontrarse con mucha gente, más bien con nadie.
Unas pedaladas más y nos plantamos en Ribas de Campos, donde echamos la vista atrás. Por esta preciosa vereda hemos venido.
Y tras un breve tramo de carretera muy cuesta arriba, el único desnivel de la jornada, nos plantamos aquí, en la triple esclusa de Ribas, el lugar en el que en 1791 se juntaron los ríos Pisuerga y Carrión, como reza la placa de tiempos de Carlos IV.
video
El sonido del agua y lo espectacular del sitio nos obligó a hacernos un book fotográfico de lo más completito. sólo colgaré un par de fotos para no aburrir al personal, pero que conste que en todas salíamos guapísimos y, metiendo tripa, hasta parecíamos algo.
Desde abajo, los saltos de agua impresionan un poco más.
Y como ya se hacía hora de comer, nos volvimos por donde habíamos venido no sin antes echar una última foto a este bonito lugar en el que el río Carrión se remansa.

En total, 35 kilómetros, Navarro más de 50 porque lo hizo desde y hasta Palencia capital, sin desniveles. Lo mejor para una mañana de sábado tranquila.

¿Mi culo? Mejor, gracias.

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