jueves, 17 de septiembre de 2009

Expedición Nisia a Ladakh 2: Nisio "Peak" (5.250m) Primera lección del Himalaya

Viene de aquí
Segundo día de trekking. Salimos de la aldea de Digar, a 4.000 metros, y caminaremos por el valle que sube a la izquierda. Por lo que nos han dicho los guías, la caminata también será corta hoy. Bueno, así, con un poco de suerte, podemos acercarnos a aquella montañita que aparece al fondo y que nos llama la atención desde ayer... Pero bueno, ahora vamos a lo que vamos, o sea, a empezar la jornada. Ahí voy yo por la calle principal del pueblo. La verdad es que a esta hora de la mañana, no es que sea muy pronto tampoco, el pueblo tiene su vidilla, con la gente dedicada a sus quehaceres...

...nos cruzamos con una familia, yuleh!...

...y en cuanto abandonamos el pueblo empiezan a aparecer stupas, y en cuanto nos alejamos de las acequias todo es un secarral. La montañita nos sigue llamando... los guías nos han dicho que no llegará a los 6.000 metros y que todavía no se ha subido...

...poco a poco ganamos altura y dejamos abajo los campos que, regadas por el agua sabiamente canalizada, consiguen dar algo de vida a esta dura tierra.

Ahí va a Andrés, remontando unas rampas y al fondo, "nuestra" montaña. Esa pala de nieve... el amigo Vidal ha dicho que eso se esquía fijo, bueno, de momento nosotros nos conformábamos con poder subirla...

...pero antes había que aclimatar, y en ello estábamos. Caminando despacito, que tampoco había prisa. Así, nos adelantaban unas mujeres que subían casi a paso ligero a los pastos más altos con su rebaño de vacas.

Ahí van... aquí el cochecito para el bebé sirve más bien de poco... qué majo el crío...

...y qué maja esta señora. Bajaba hacia el pueblo. Yuleh! Era curioso tu saludabas con un tonillo como de educación, como lo hacemos cuando coincidimos con alguien en el ascensor, pero ellos casi lo cantaban, con una alegría como si fueras un familiar querido al que hace tiempo que no ven. Qué gentes más amables.

Alla vá... por cierto que estas fotos son de Andrés, que ya he dicho que este viaje andaba inspirado el muchacho.

Cruzamos el arroyo por otro inestable puente...

...y poco después nos sucedió una de las cosas que más disfruté de este viaje. Nuestro guía, Stantsing, se paró a hablar con nua de las mujeres que subían el ganado y al rato se acercó para decirnos que nos invitaban a tomar un poco de té en su casa. Por supuesto, no nos podíamos negar... así nos recibió la señora con su hijo a la puerta de su casa.

Cuando entramos en la vivienda allí nos esperaban dos generaciones más, su madre y su abuela. Estaban preparando el té en la única sala que tenía la casa. Serían unos 15 metros cuadrados. Con una sonrisa nos dijeron yuleh y nos invitaron a sentarnos en el suelo, sobre unas mantas. Nos ofrecieron gurgur, el fuerte té con mantequilla de yak, o lo que es lo mismo, lo que tenían. Tusiché, respondíamos nosotros para agradecérselo.

Andrés hizo este retrato de las dos mujeres...

...que después se divertían al verse en la pequeña pantalla.

Pasamos unos minutos, mientras nos bebíamos el gurgur, la pena era que apenas podíamos comunicarnos, sólo a través de lo que nos traducía Santsing y con miradas, gestos y sonrisas. "Dicen que tenéis ojos de ser buena gente", nos tradujo el guía. También estaba el abuelo, sentado como si llevara toda la vida allí...

Nos despedimos agradeciéndoles la invitación, consultamos con Stantsing pero se negaron a aceptar ningún dinero, y nos fuimos de allí con la sensación de haber vivido una experiencia única. Probablemente éramos los primeros occidentales que entraban en esa casa, es que por aquí no viene nadie. En fin, con el estómago y el espíritu reconfortados, proseguimos nuestro camino. Anda, mira, señala Andrés, ésa es la loma que subimos ayer...

El camino iba remontando el precioso valle...

...no tenía pérdida, todo para arriba siguiendo el camino o la acequia. Nos encontramos con estos burritos tan guapos, y que todavía haya quien utiliza el nombre de este bendito animal para insultar...

Un poco más arriba, en estos pastos de altura, plantaríamos el campamento, pero a nosotros se nos van los ojos hacia esas cumbres del fondo...

...bueno y a las que dejamos atrás... aquello ya es Karakorum. El de la derecha es el Saser Kangri de 7672 metros. Un montañón, vamos. Y el que aparece en primer plano disfrutando como un niño con zapatos nuevos es Andrés. Un pedazo de montañero, vamos.

Lo primero que hicimos al llegar al lugar de acampada fue mirar el reloj. Eran las doce y el pico nevado que nos tenía loquitos, y que Andrés señala con el dedo aunque sea de mala educación, estaba ahí al lado... o eso creíamos. En fin, echamos un ojo al mapa y, efectivamente no llegaba a seis mil metros, tenía 5.670m y aparecía sin nombre. Por aquí pasan de perder el tiempo poniendo nombre a estas tachuelas, más que nada porque tienen miles... Estábamos a 4.500m, bueno, comemos un poco y salimos para allá, a ver hasta donde llegamos, la cosa no parece difícil, nos subimos al cordal por ese collado y luego seguimos la cresta hasta la cima nevada que se ve al fondo...

Mientras comíamos, llegaron los caballos que porteaban el material pesado: tiendas, comida, etc...

...y cuando salimos hacia la montaña, acompañados por nuestros dos guías, Yatso y Stantsing, el campamento a estaba montado.

Vamos para allá, que eso es una loma. La idea era encaramarse al cordal de la forma menos dura posible y luego recorrerla hasta la cima. Fijaos en el pico de la derecha con su doble cima... a nosotros nos dejó enamoraditos...

Pronto empezamos a darnos cuenta de que aquí las distancias no son lo que parecen, también de que la altura se iba notando y no íbamos precisamente a un ritmo ligero. Pero bueno, después de un rato largo conseguimos llegar a un collado sobre el cordal.

La cosa se iba haciendo durilla y a cada paso costaba más mover los pies. Venga, venga... cule, cule, despacio, despacio... Las vistas hacia el otro lado son la repera, con el Saser Kangri al fondo.

También nos asomamos a la otra cara de la montaña, que nos ofrece unos paredones importantes y su pequeño glaciar.

Ya nos íbamos dando cuenta de que nuestros cálculos no eran muy acertados y comprobamos sobre la marcha que la distancia es mayor de la que creíamos. Además cada repecho que hace el cordal se sufre que da gusto. Bueno, de momento, vamos a llegar hasta esa "cima" y a ver qué hay después...

Ya estamos a más de 5.000 metros y se nota, la respiración no llega cuesta dar un par de pasos. además, el cordal se convierte en un roquedo en el que pasamos de piedritas que resbalan a grandes bloques que hacen del camino un laberinto. Manuel va mejor y nos espera deleitándose con el paisaje.

Nos espera hasta el lugar en el que finalmente decidimos dar por concluida nuestra ascensión. Se trata de una peña a mitad del cordal a 5.250 metros. Desde ella vemos todo lo que nos quedaba hasta la cima. Así, el Himlaya nos da nuestra primera lección de humildad, vamos que esto no es la Sierra de Béjar. Mis compañeros, en deferencia a mi estreno montañero por estos lares, me dejan a mí dar los últimos pasos para ser el primer ser humano en poner los pies en este lugar...

...que, como no podía ser de otra manera bautizamos con el nombre de "Nisio" Peak o "Nisio" Kangri en la lengua local. No podía ser de otra manera... hacía tiempo que no colocaba a un reportaje la etiqueta de Al filo de lo impresentable, pero esta ascensión, intento o lo que fuera se lo mereció con todas las de la ley. Yatso, que nos acompañó hasta arriba nos hizo la foto con el pañuelo del Bar Llamas y con unas banderitas de oración que él mismo subió...

...y que dejamos allí en recuerdo de nuestra nisia presencia. En esta foto se aprecia perfectamente que nos quedaba por recorrer una pasada de cresta en la que además se intuía algún paso más complicado en la parte final.

...yo me quedé un rato mirando y empecé a darle vueltas al tarro. No sé qué me pasó, si fue el pequeño esfuerzo que me había supuesto esta ascensión, también es verdad que habían sido más de 1.200 metros de desnivel positivo, el hecho de que esta ocurrencia vespertina se nos quedara grande y la montaña nos pusiera en nuestro sitio, por lo menos hacía buen tiempo, no era tarde y el regreso no presentaba mayor problema... el caso es que entré en una espiral de pensamiento negativo que me acompañó durante todo el descenso.

Ni siquiera el espectacular paisaje que nos rodeaba conseguía hacerme salir de mi bucle, "si he ido así de justo para subir a 5.000 metros, cómo voy a hacer un seismil...", pensaba... y quedaba descenso para rato para seguir dándole vueltas al melón...

Andrés era feliz y sacaba fotos por doquier... ahí está el Karakorum...

...con el Saser Kangri. Preciosa montaña, sí señor.

Poco a poco caía la tarde y ya me imaginaba yo que llegaríamos de noche al campamento...

...eso empezó a reconfortarme... si estamos como en casa, pensaba. Así que como dicen que el que canta su mal espanta, me puse a tararear cancioncillas de Bob Dylan, como cada vez que bajamos del Calvitero o del Curavacas... y así caí en la cuenta de que en realidad me importaba un bledo no subir a esa montaña de seis mil metros, lo importante era estar allí, disfrutar del monte con dos amigos, conocer a esas amables gentes que viven en la otra punta del planeta, caminar, querdarse embobado con el espectáculo de esta naturaleza salvaje y remota... y saqué mi cámara y me puse a hacer fotos otra vez... a la montaña de la doble cima, que las sombras del atardecer empezaban a cubrir...

...y casi de noche, llegamos al campamento un poco más cansados y un poco menos ignorantes de lo que éramos al salir...

...incluso la luna salió como para darnos las buenas noches.

Bueno, que encendí el GPS y aquí dejo el enlace de wikiloc y el mapita. Al acceder a través de él a GoogleEarth se puede ver muy bien la ubicación del trekking.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

habra que acercarse por el Calvitero...yo ando algo oxidado por mi paseo africano

José-T dijo...

Gran reportaje, como siempre.
Como supongo que el oxidado por el paseo africano es Gasperson, si os acercáis al Calvitero en breve, haré por apuntarme.

6p00d8349889d469e2 dijo...

Una gozada seguir el reportaje! Deseando la siguiente parte!

sherpa dijo...

Lo que mas me impresiona es esa gente que no tiene nada, en cambio , estan dispuestos a ofrecertelo todo.

Excelentes fotos una vez mas.
Saludos

Cienfuegos dijo...

Esta bien que esa cura de humildad haya sido a "poca" altura. Como decimos por Asturias, estoy "ñaguando" por leer las siguientes entregas.
Saludos

vidal dijo...

Que se esquía fijo oiga, je, je, je!!!... y el Nisio Peak porque no tiene nieve, pero como le caiga pa'llá que vamos!!!... para cuando sale el próximo turno para ir pa'llá!... venga tío que nos tienes a todos en ascuas y ya es lunes!!!... Otro capítulo, porfa!!!... Saludos Esgalleros!!!

Pablo dijo...

Bones Borja y compañía,

no nos conocemos, aunque sí a Andrés y Iñigo, que conocedor de mi tendencia a las alturas me invitó a pasar por aquí. Así que de vez en cuando le doy una ojeada a vuestras peripecias, me río con ganas un buen rato, y "conozco" más allá de los Pirineos, que es lo que tengo más a mano. Y ahora he leído la última entrega, y quería unirme al coro de los humildes...en otras culturas las montañas son dioses; en la nuestra, a la que te descuidas,carne de forfait. Un amigo de Bariloche me explicaba la diferencia: Uds van a la montaña, nosotros vivimos en ella.
Dicho lo dicho, si el ánimo os trae por estas tierras (versión roca, pateo, bici, esquí de montaña cuando Mr. Churches quiera insistir en permanecer semierecto sobre las tablas...o saltarnos los trámites y pasar a las birras directamente...) aquí hay un amigo para hacer el gamba un rato, por "estos mundos de Dios".

desde Barcelona con amor,

Pablo

Raúl dijo...

Nisio peak...jajaja

fosi dijo...

Una gran experiencia,he disfrutado y reido leyendola.Un saludo de un nuevo seguidor.