jueves, 26 de febrero de 2009

Un invierno en Austria I.(Lindauer Hütte 1.744m)

Varios amigos a los que considero poseedores de grandes virtudes en general y sensibilidad estética en particular, han coincidido en decirme que una de las cosas más espectaculares que han hecho en el monte es la archifamosa travesía Chamonix – Zermatt. Dado que el espíritu nisio tiende a la envidia, no es de extrañar que lleve varios meses con la idea de liar al Extreme Team y lanzarnos a esa aventura. Por ello, siguiendo las leyes básicas de las sucesiones, he decido empezar por el principio, aprendiendo a esquiar…Según cuenta la leyenda el ski moderno dio sus primeros pinitos en la zona de St. Antón, por qué no hacer lo mismo y comenzar yo a unos pocos kilómetros de allí, sobre todo cuando iba a tener a Manuel, un esquiador de primera, como profesor particular. Así a principios de febrero, me fui para allá. Coincidencias de fechas unidas a una clara incapacidad para duplicarme me impidieron estar en el Toubkal y en Austria a la vez, los nisios se desperdigaban sobre la faz de la tierra. De esta sales esquiando, me dijo Manuel después de darme la primer clase teórica mientras ponía las pieles de foca para aparecer en la foto de ésta guisa…

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Sí, son mis primeros minutos sobre unas tablas de ski…El bueno de Manuel llevaba varios días en la zona y había seleccionado algunas rutas fáciles para comenzar sus clases. Lo que no me había comentado era la belleza del lugar…

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Al otro lado de esas montañas, se encuentra Suiza… Una bonita ruta hubiera sido emular a la familia Trapp de Sonrisas y Lágrimas cruzando por algún collado. Pero eso, de momento, para mi es un imposible.

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El objetivo de hoy era aprender a frenar, la famosa “cuña”. Para ello Manuel había elegido el camino va desde el pequeño pueblo de Tschagguns hasta el refugio de Lindauer Hütte a 1744metros.

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Subir con las pieles de foca era sencillo, rápidamente adopte los consejos de Manuel para mejorar mi estilo. Además contemplaba un bonito paisaje.

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No había buena luz, pero se disfrutaba igual.

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Charlábamos alegremente, cada vez que perdía la concentración observaba como Manuel se alejaba deslizándose elegantemente. Hay que pillar la técnica.

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La cosa no iba mal y poco a poco empecé a coger confianza olvidando que después tendría que bajar.

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Poco a poco mis movimientos se hacían más fluidos, animado por los comentarios de Manuel.

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Las montañas que cerraban el valle mostraban tremendos murallones.

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Pronto nos adentramos en el bosque, mientras de vez en cuando caía algún copo.

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Esta pala mas ancha es un buen lugar para que aprendas a girar…

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Aquí poso fingiendo cierta soltura en el manejo de mis nuevos apéndices.

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El terreno se volvió más pindio y Manuel se tenía que parar a esperarme. Las primeras gotas de sudor brotaron. El fluía entre los árboles, mientras yo me sentía torpe en las zonas estrechas y escabrosas.

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La niebla y el refugio aparecieron casi a la vez.

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Habíamos ascendido unos 1000 metros, pero con la novedad el tiempo pasó volando. La nieve comenzó a caer y por mi cara es evidente que todavía no me imaginaba la cantidad de hostias que me esperaban.

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Pero que más da…Mirar que feliz iba yo…claro, el que no esté preparado para tropezar cuando aprende algo, es que no conoce como funciona la vida.

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Y los últimos metros, ya sabéis pillar aire y poner cara de profesional indiferente, que nunca sabes quien te puede estar mirando desde una ventana.

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En el refugio comimos y tomamos una cerveza, bueno dos, necesitaba ración doble para volverme más audaz. Quitamos las pieles, me puse el casco, escuché la lección, la memoricé, hice un croquis mental de la posición de la rodilla con la dichosa cuña, respiré profundamente, me coloqué y creo tardé unos quince segundos en caerme…Aquí una de tantas…

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Pero la cuña la hacía, sí…

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Cuando no me caía, me tiraba. No te sientes, no te sientes, no te eches para atrás…

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Que paciencia tiene este hombre, por dios…pero gracias a ella le fui pillando el truco. Algo hizo también la sutileza de un comentario de Manuel. Aquí aprendes a frenar, si no lo haces…te estampas contra un pino seguro.

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Y empecé a frenar…

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El cuerpo es sabio, viendo lo que me costaba levantarme, poco a poco se fue adaptando a la nueva forma de viaje…

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Cada vez iba mejor, así comencé a preguntarme ¿por qué no habría empezado antes a esquiar?

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El último tramo era menos empinado y disfruté bastante.

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Parece que vas dominando, relájate, suéltate…

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Para llegar a las casas había una rampa bastante pronunciada, animado por Manuel, me atreví a bajarla pese a la posibilidad de que me tragara un puente o cayera directamente en un regato. Lo conseguí. Eso se refleja en la cara de felicidad con la que poso para la posteridad…misión cumplida…

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La casita en las montañas, nos esperaba.

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Al día siguiente, las clases continuaron en una pista de ski, en Golm. Amaneció un día espectacular.

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Teníamos que andar un buen trecho desde la casa hasta la pista de nieve en la que estaban aparcados los coches, eso te permitía sacar fotos como ésta.

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O esta…

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Incluso había una vieja serrería…

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Era un país bajo la nieve…

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No me subí la cámara a la estación de ski de Golm y me arrepentí. Los paisajes eran fabulosos.

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En las pistas, recuperé la costumbre de caerme. Manuel derrochaba paciencia infinita y me intentaba llevar hacia los lugares menos empinados. Pero hubo una castaña de dimensiones olímpicas…recuerdo que iba rápido o eso me parecía a mi teniendo en cuenta la velocidad a la que pasaban los demás esquiadores (probablemente los que iban a toda leche eran ellos, pero yo me amparo en las leyes de la relatividad y cuento la historia como me da la gana) en fin, que me caí y me hice daño. Continué esquiando pero al llegar a casa…

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Esta fue mi compañera desde entonces. Al día siguiente amaneció nevando con fuerza y yo cojeaba alegremente.

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En esas condiciones, no se podía hacer mucho…

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Caminamos por el pueblo viendo como la gente se preparaba para el carnaval.

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No nos pudimos aguantar y a pesar de mi cojera dimos un pequeño paseo por un bosque cercano…

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El camino llevaba hacía una zona llamada Grabs, estaba señalizada como GR.

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Es una buena ruta para hacer con raquetas…

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Había que hacerla con más tiempo, pero esa es otra historia que ya os contaremos…
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martes, 24 de febrero de 2009

Expedición Ramafloja al Atlas: Toubkal (4.167m)

Viene de aquí

Amanece el gran día. Es 11 de febrero de 2009 y vamos a ver si subimos al Toubkal que, con sus 4.167 metros, es la montaña más alta del Atlas, de Marruecos y de todo el norte de África. La primera noche a 3.200 metros no ha ido del todo mal. Juanillo tiene un poco de dolor de cabeza pero el resto vamos bien. Son poco más de las 7,30h y salgo del refugio a ver qué tal el día. Espléndido. No hace mucho frío. Vamos para dentro a terminar de preparar la mochila, hacer el desayuno y demás...


Huelga decir que cuando nos levantamos, el resto de montañeros que estaba en el refugio hacía rato que había salido hacia la cima. Lo que todavía no me explico es en qué se nos fue el tiempo una vez más. Bueno sí, en preparar la leche en polvo con el cacao, en potabilizar el agua del grifo (sólo por si acaso) y echarle Tang, en poner en marcha a seis personas mientras decimos chorradas a razón de doce por minuto... Por cierto, hacia ese collado que se ve ahí tenemos que tirar. Se ven bien las huellas de los que nos preceden.


En fin, que cuando quisimos emprender la marcha eran las 10,00h. Total, no nos persigue nadie ni hay que apagar ningún fuego. El recorrido no presenta ninguna dificultad, ni pérdida, las previsiones meteorolóicas son buenas y el tiempo estimado para la ascensión son unas tres horas, con otras dos para la bajada. Bueno, salimos hacia arriba, pasamos por la puerta del refugio Neltner y seguimos la huella.


Pere va en cabeza. Yo, despacito le sigo. El resto viene detrás contando batallitas y echando unas risas.


De pronto, Pere se para y señala el cielo. Mira, me dice, es el espectro de Broken. Tiro una foto que después en el ordenador he de oscurecer un poco para sacarle los colores. Ahora que he buscado esto del espectro de Broken en Internet me parece que no es exactamente eso, pero bueno. Bonito sí que es. Vale, los compañeros del foro Mendiak me corrigen y me explican que esto se llama falso sol, también conocido como sun dog o mariposa de colores y se produce por la refracción de la luz en nubes altas. Aquí hay otro ejemplo mucho mejor fotografiado.


No vamos muy deprisa, pero ya hemos dicho varias veces que lo nuestro no es correr, sino disfrutar de las montañas. Ahí está Pere con la cima del Biiguinnoussene (4.002m) y el Dedo del Tadat a su espalda. Por ahí subiremos el viernes. Pero eso aún no lo sabíamos...


...de momento vamos a centrarnos en lo nuestro. Ahora, la ascensión nos da un respiro. Por cierto estamos subiendo por la ruta normal, o sea la que va por el Ikhibi Sur, son unos 900 metros de desnivel.


Pero es inevitable echar la vista atrás. Por ahí sube el grupo. La canal que va en diagonal se llama Irzher Ikhelloun y sube hacia las agujas de Clochetons. Ésa se la hizo el compañero Orruño. Yo no puedo dejar de mirar la canal que sube hacia el Dedo...


Pero insisto, centrémonos que continúan las rampas. En ningún momento hay mucha pendiente pero con la escasa preparación física que llevo pues se van haciendo durillas y, sobre todo largas. Supongo que también influirán algo la altitud y la paliza de ayer. En fin, sigamos los consejos del compañero Verto de Sistemacentral.net. Un paso, otro paso, respira... un paso, otro paso, respira... A esta altura nos cruzamos con un grupo de seis españoles que bajaban ya de la cima. Iban corriendo, por lo visto tenían los días justos para llegar, dormir en el refugio, subir y tirar todo seguido hacia Marrakech. Nosotros, con calma.

Y ahora un pequeño descanso para comer un poco con inmejorables vistas. ¿He dicho ya que esa subida hacia el Dedo y el Biiguinnoussene me tiene enamoradito? Son las 12,30h.

Vamos que ya queda poco para llegar a ese collado de la derecha, el Tizi n´Toubkal. Y vemos que nos va a tocar comer un rato de pedrera.

Ahí están Pere, Edu y Pablo, que van muy bien de fuerzas. Ya casi llegan al collado.

Nos esperan quitándose los crampones. Se acaba la nieve. Estamos a unos 3.700 metros.


Vamos a la pedrera. No me imagino lo que tiene que ser hacer esto en verano, bueno o sin nieve, desde abajo. La temperatura sigue siendo buena. Ni frío ni calor. Pero yo no termino de ir bien. Voy despacio y me cuesta mantener el ritmo. Cuento pasos. Venga hasta 50 y paradita. Así voy avanzando.
Pere, gran compañero, se queda con Juanillo que tampoco va muy bien que digamos. Volviendo la vista tenemos, a la izquierda el collado y siguiendo la cresta la cumbre Oeste del Toubkal, de 4.030m. Un poco más allá está el Ras (4.083m), en primer término, y detrás, el Timesguida (4.088m). ¿Qué? Os habéis fijado en ese corredor que sube directo a la cima del Ras, ¿eh? Nosotros también.


Al terminar la pedrera, algo que no me esperaba. La cima queda al otro lado de este "circo". Desde aquí se distingue bien la pirámide metálica que hay en la cumbre.


Habrá que darle la vuelta por la cresta. Edu y Pablo lo hacen por la parte superior. Les gusta saltar de piedra en piedra.


Yo prefiero seguir la huella en la pala de nieve que hay un poco más abajo. Aritz elije el mismo camino. ¡Vaya con la canal Nordeste del Ras!

Ahora sí que no queda nada. Pablo y Edu están a punto de llegar...

...y yo ya estoy. Allí llega también Aritz. Hemos echado algo más de cuatro horas.

¡Venga ese vídeo!
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Y la foto oficial, aunque con el pañuelo un poco descolocado y tapándole la jeta al pobre Aritz. Ha estado bien. Dificultad técnica nula, sólo un poco de esfuerzo físico, pero yendo tranquilo, se hace sin problemas.


En la cima estábamos solos. Es lo bueno del estilo nisio-ramaflojista, sales tarde y no te encuentras a nadie en la cumbre. Sacamos fuet a porrillo, comimos, nos reímos y sobre las 15,30h emprendimos el descenso.


A Pere no le apetecía bajar por la pedrera y se paró a buscar un descenso alternativo. Ahí lo tenemos oteando el infinito como una rapaz en busca de su presa.


La pedrera no se hizo nada incómoda. Es más, Pablo, Juan y yo bajamos bastante deprisa. Pere, Edu y Aritz prefirieron el otro camino. Allí los vemos, esos dos puntitos negros en mitad de la pala de nieve. También sin problemas. Había huella.


Reunida de nuevo la muchachada, enfilamos el camino de bajada. Hay un buen ánimo. Pere ensaya unas autodetenciones en manga corta y se quema todo el codo, cantamos canciones de Manolo Kabezabolo... vamos, lo normal. Y allí enfrente, el Biiguinnoussene que sigue llamándonos...


El descenso es cómodo y rápido. Ya tengo los refugios a mis pies y, arriba... bueno, que no voy a ser pesado

En vez de seguir el camino normal, veo una huella que baja directamente al refugio y me tiro por ahí. El resto, ahí están pequeñitos, siguen por donde subimos. El descenso lo hemos hecho en una hora y media. Ya digo, cómodo.


Se retrasan un poco, ¿qué raro?, nos decimos Pablo y yo. Luego nos cuentan que han estado picando un poco de hielo en unas cascaditas que había cerca del refugio. Pere me ha pasado esta foto. No, el piolet de Edu no es el más técnico para este tipo de actividades. Creo que es el que su padre subió al Cervino, pero para esto... como que no...

Ya en el refugio pedimos un té...

...con el que brindamos por la cumbre conseguida. ¡Salud!


Luego, una suculenta cena, una charla junto a la chimenea y pronto al saco que mañana queremos madrugar un poco. En serio.
Para terminar, aquí va un pequeño croquis de por dónde subimos. En azul está la bajada alternativa de Pere, Edu y Aritz.


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