jueves, 12 de enero de 2012

Pasochoa (4.200 m.). Calentando motores y aclimatando para el Cotopaxi.(5897m)

En octubre Jorgito y yo, Martita, volvimos a cruzar el charco para continuar descubriendo las maravillas de América del Sur. En esta ocasión aprovechamos nuestras vacaciones para conocer Ecuador, un país pequeño pero completo como pocos, y ya que estábamos por allí, nos marcamos un objetivo a la altura de The South Face, subir el Chimborazo (6.310m) y el Cotopaxi (5.897m), las montañas más altas del país. Esta vez, astutos y previsores decidimos aclimatar como es debido, para que no nos pasara lo mismo que en la ascensión al Chachani (6.075 m). Las mentes más preclaras recordarán los dedos congelados de Jorgito.


El plan no tenía fisuras, primero subiríamos el Pasochoa (4.200m), luego el Illinizas Norte (5.126m), luego el Cotopaxi (5.897m) y si nos quedara tiempo y ganas el gran Chimborazo (6.310m) punto mas alto de Ecuador y punto mas alejado del centro de la tierra. Ya sabéis, eso de que la tierra se achata en los polos.


Vamos al lío. El Pasochoa (4.200m) se encuentra en la que Von Humboldt bautizara como avenida de los volcanes a unos 30 kilómetros al sureste de Quito y es una caldera extinta que se ha convertido en reserva biológica. La ruta comienza en la central hidroeléctrica del mismo nombre, Pasochoa. Ahí dejamos el superbólido, un Land Cruiser con más kilómetros que el bibliobus.


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Vaya pepino, ¿eh? El Pasochoa es un volcán sencillo que no presenta complicaciones técnicas y, por lo tanto, ideal para nisios. No hay que llevar mucha equipación, con unas buenas botas, ropa adecuada, bebida y comida ya estamos listos, así que comienza la caminata... Martita y Jaime nuestro guía no se lo piensan y comienzan con paso decidido.


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El primer tramo del camino está muy señalizado. Comienza con una fuerte subida hasta que atraviesas una verja en la que te indican que estás entrando en propiedad privada. Eso de no ingrese a mi siempre me ha hecho mucha gracia.


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Como no podía ser de otro modo, el terreno es volcánico y en algunas partes del principio se hace algo complicado andar, una excavadora que enredaba por ahí , el agua y la humedad son ingredientes que no pueden faltar en cualquier buen patatal.


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En menos de media hora llegamos a una pradería desde la que ya podemos empezar a contemplar unas vistas espectaculares de todo el entorno. Quito y sus alrededores se desparraman.


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El camino discurre por un lateral de esta pradera y es bastante cómodo. La pendiente ya no es tan severa como al principio y, por si fuera poco, hemos tenido mucha suerte con el tiempo porque está nublado y no nos asfixiamos con el sol y al mismo tiempo la lluvia nos está respetando.


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Continuamos durante un buen rato ascendiendo poco a poco por la pradera y acercándonos hacia las montañas que tenemos enfrente, nuestro objetivo todavía no se ve pero aguarda detrás de esas primeras lomas.


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De repente, nos encontramos un "pequeño obstáculo" en el camino, un rebaño de vacas que no dejaban de mirarnos ni un sólo segundo. En nuestro pueblo esto se resuelve con un caguentxos y unas piedras, pero Jaime nos advierte de que aquí las vacas tienen muy mala hostia. Así que pasamos despacito y mirando de reojo por si toca esprintar.


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Pasado este tenso momento, continuamos sin problemas nuestro camino. Fijaos, tímidamente se asoma nuestra montaña preferida de la jornada.


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Después de andar durante una hora larga, nuestro inmediato reto es atravesar este precioso verdor para seguir acercándonos al Pasochoa, que a cada paso descubre un poco más su silueta.




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Paramos un poco para coger fuerzas con un mini sandwich que nos ha preparado nuestro guía Jaime y continuamos el paseín.


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La pendiente se hace un poco más pronunciada, caminamos despacio para que la altitud no nos pase factura, bueno en realidad siempre caminamos despacio. Con tanto verde cuesta creerlo pero estamos a casi 4.000 metros.


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El sendero no da tregua y la pendiente sigue aumentando, los tramos se hacen un poco más complicados. Martita se ayuda de las manos con este elegante paso. Además, nadie puede decir que no va conjuntada.


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Hemos superado los 4.000 metros de altitud y comienzan a aflorar evidencias de que aquí hace muchos, muchos años, la lava corría como la cerveza en San Fermín. Observad las coladas.


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Demostrado: En Ecuador la gente también escribe sus nombres y paridas varias en los lugares más inusitados.


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Después de tres horas, por fin nos asomamos a la otra vertiente de la montaña. Las vistas lo dicen todo y la cima está a tiro de piedra.


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Da un poco de yuyu asomarse por eso miramos a la cámara.


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Desde aquí lo único que nos queda es subir un peñasco y habremos cumplido con nuestra misión, así que ¡allá vamos!


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Martita y Jaime encarando los últimos metros y... por cierto... ¿quién lleva aquí la mochila?...


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En este punto tuvimos dos sorpresas, una buena y una mala... la buena es que tuvimos la suerte de contemplar uno de los animales más emblemáticos de la creación , el cóndor (Os lo tendreís que creer, la foto es tan mierda que no merece la pena ponerla). La mala, que un minuto después una tenue niebla se apoderó de toda la zona y nos dejó sin vistas de la cima... pero no sin cima. Véase la alegría de Martita al posar el culete en la cumbre.


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Una de Martita y Jorgito. Si, ya sé que no hay banderín del Llamas...


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y otra más con Jaime, vaya equipazo.


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Eso sí, para justificar que hemos estado en la cima del Pasochoa (4.200 m.), aquí tenéis la rudimentaria cruz del lugar. Como aquí no hay patxis que pongan buzones...


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Después de las fotos de rigor, comenzamos el descenso por el mismo camino. Primero por la cresta...


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luego con vistas al patio...
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y más adelante por los amplios paramos.


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La bajada es bastante cómoda y como íbamos muy bien de tiempo aprovechamos para disfrutar de los paisajes y del lugar. También para hacer fotos chorras.


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Pero nuestra felicidad era un espejismo, a los pocos minutos descubrimos que había un escollo muy importante que todavía nos quedaba superar... ¡las vacas! y ya sabéis, tienen muy mala hostia y no dejan de mirar


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Por lo visto estaban molestas con nosotros por haber profanado su prado en la subida, y no parecían dispuestas a repetir lo vivido. Esta vez la táctica de los bóvidos parecía más elaborada, estaban más cerca en formación de abanico. La escabechina era inminente. Los nisios no somos violentos, evitamos la confrontación, y además, no es que seamos vegetarianos, pero un chuletón... así sin vino... Vamos que al final nos tocó saltar la valla dos veces y rodear el peligro. Eso sí, las vacas no dejaron de mirar.


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Martita con este salto propio de una gacela Thompson puso fin al entuerto.


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Esta vez sí que estaba todo superado. Nuestra primera misión de Ecuador había salido perfecta. Ya estábamos deseando comenzar la ruta del día siguiente: el Illinizas Norte (5.126m) y para eso, comenzamos a coger fuerzas desde el mismo instante en el que bajamos.


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Por cierto, tras los plátanos llegaron las cañas, no os vayáis a creer que hemos dejado de lado las costumbres nisias.
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5 comentarios:

Anónimo dijo...

grandes!!

Borja dijo...

Vaya cuesta de vacas!!!
Digo... qué bonito todo!!!

Silvana dijo...

Hola! Quiero visitar el Pasochoa. Veo que siguieron un camino ya marcado durante todo el trecho, me podrías aconsejar si es realmente necesario ir con guía? Yo intentaré ir sin uno.

Pepe dijo...

Estupenda narración. Sería muy bueno saber con qué compañía hicisteis todo el viaje, porque se ve que tuvisteis un gran guía.

Pepe, desde Logroño

Belén Sánchez dijo...

Hola!. Nos ha gustado mucho vuestro relato, y también nos ha servido de mucha ayuda. El próximo verano viajaremos a Ecuador. Estamos buscando un guía para ascender al Cotopaxi y al Chimborazo. Podríais darnos información sobre el que os acompañó a vosotros?.
Gracias!!
Belén.