Como ya he repetido varias veces, este fin de semana no he podido ir al monte por culpa de una tendinitis en la rodilla. Sin embargo, Andrés se lo ha currado y me ha enviado este bonito reportaje de la ascensión que realizaron el sábado. La verdad, no sé si sólo para darme envidia, pero voto a bríos que lo ha conseguido. En fin, que aquí os dejo con el relato:
Sólo añado este temazo, para amenizar este paseo por el lado salvaje de la cresta...
Al mal tiempo buena cara, que para estar sentado en el sofá ya quedan días. La lluvia de los últimos días se había llevado la poca nieve que tenían los montes, eso unido a la buena capa de nubes que teníamos sobre nuestras cabezas nos hizo tomar la decisión de quitarnos una X que teníamos puesta desde hace ya tiempo. El Peñas Pintas. Cuantas veces le habré insistido al amigo Borja para acercarnos a esta montaña que yo en mi habitual caraja he llamado de mil maneras, “el Palas” últimamente. Si me preguntáis por qué, no sabré responder. Pues bien, esta vez Borja con una rodilla chunga, afectada por uno de esos males que los médicos nombran de manera curiosa y que los demás atribuimos a la edad, no pudo acompañarnos. Así una alegre muchachada formada por Mr.Churches (un servidor de ustedes), el incansable Quique y nuestros dos Jorges fue la representación de The South Face en esta ocasión.
Comenzamos la mañana con una niebla tan espesa que convirtió el viaje en una auténtica pesadez para los que iban despiertos. Ni sé cuanto tardamos en llegar a Salas, localidad desde la que parte nuestra caminata. Serafín el dueño del Bar Las Pintas nos indicó con gran precisión la ruta a seguir, que partiendo justo en frente del local serpenteaba por la ladera…
Como algunos no sabemos hablar y caminar al mismo tiempo, las paradas eran constantes.
Comenzamos la mañana con una niebla tan espesa que convirtió el viaje en una auténtica pesadez para los que iban despiertos. Ni sé cuanto tardamos en llegar a Salas, localidad desde la que parte nuestra caminata. Serafín el dueño del Bar Las Pintas nos indicó con gran precisión la ruta a seguir, que partiendo justo en frente del local serpenteaba por la ladera…
Como algunos no sabemos hablar y caminar al mismo tiempo, las paradas eran constantes.

La niebla lo envolvió todo de nuevo y aunque nuestra intención era subir por la derecha hacia el pico Huelde (1978), una sucesión de marcas amarillas nos llevó hasta un collado en mitad del cresterío.
Arriba, manchas de nieve daban un aspecto invernal al monte. Quique posa con el pantano de Riaño al Fondo.
Volviendo por nuestros pasos coronamos el pico de Enmedio o Salas. En el que Jorge posa con el pivote de la cumbre principal al fondo.
“Por la nieve o por la roca”, piensa el amigo Quique…

Llegando al bosque unos rayos de sol aparecieron para terminar de manera luminosa una entretenida jornada.
2 comentarios:
Pues eso, que mucha envidia me dais...
Recorrido wapo, esa arista parece acojonante :P
Saludos!
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