jueves, 6 de diciembre de 2007

Intuyendo Peñas Pintas

Como ya he repetido varias veces, este fin de semana no he podido ir al monte por culpa de una tendinitis en la rodilla. Sin embargo, Andrés se lo ha currado y me ha enviado este bonito reportaje de la ascensión que realizaron el sábado. La verdad, no sé si sólo para darme envidia, pero voto a bríos que lo ha conseguido. En fin, que aquí os dejo con el relato:
Sólo añado este temazo, para amenizar este paseo por el lado salvaje de la cresta...
Al mal tiempo buena cara, que para estar sentado en el sofá ya quedan días. La lluvia de los últimos días se había llevado la poca nieve que tenían los montes, eso unido a la buena capa de nubes que teníamos sobre nuestras cabezas nos hizo tomar la decisión de quitarnos una X que teníamos puesta desde hace ya tiempo. El Peñas Pintas. Cuantas veces le habré insistido al amigo Borja para acercarnos a esta montaña que yo en mi habitual caraja he llamado de mil maneras, “el Palas” últimamente. Si me preguntáis por qué, no sabré responder. Pues bien, esta vez Borja con una rodilla chunga, afectada por uno de esos males que los médicos nombran de manera curiosa y que los demás atribuimos a la edad, no pudo acompañarnos. Así una alegre muchachada formada por Mr.Churches (un servidor de ustedes), el incansable Quique y nuestros dos Jorges fue la representación de The South Face en esta ocasión.

Comenzamos la mañana con una niebla tan espesa que convirtió el viaje en una auténtica pesadez para los que iban despiertos. Ni sé cuanto tardamos en llegar a Salas, localidad desde la que parte nuestra caminata. Serafín el dueño del Bar Las Pintas nos indicó con gran precisión la ruta a seguir, que partiendo justo en frente del local serpenteaba por la ladera…

Como algunos no sabemos hablar y caminar al mismo tiempo, las paradas eran constantes.
A los pocos minutos del comienzo, las primeras gotas aparecieron y poco a poco estas se hicieron más recias. La niebla nos envolvió y una sucesión de chistes nos hizo el camino más llevadero, hasta que de pronto la niebla levanta y ¡oh! Dulce visión.
Todos coincidimos en el encanto que tienen los días tranquilos caminando bajo la lluvia.
La niebla lo envolvió todo de nuevo y aunque nuestra intención era subir por la derecha hacia el pico Huelde (1978), una sucesión de marcas amarillas nos llevó hasta un collado en mitad del cresterío.
Arriba, manchas de nieve daban un aspecto invernal al monte. Quique posa con el pantano de Riaño al Fondo.
Por la nieve nos dirigimos a la primera cumbre del día, el Pico Hueldes, a la que llegamos con una niebla tal que nos hizo dudar sobre si estábamos en la verdadera cima o en un alto del camino. Ese momento lo aprovechamos para ponernos los guetres y unos guantes. Como siempre, demasiado tarde. La nieve había mojado nuestras botas y el aire congeló nuestras manos. Es lo que tiene ser de The South Face, nisios hasta el fin.
Volviendo por nuestros pasos coronamos el pico de Enmedio o Salas. En el que Jorge posa con el pivote de la cumbre principal al fondo.
Desde aquí la cresta final con esa capita de nieve y hielo no transmitía buenas vibraciones, pero una vez en faena resulto ser muy sencilla. Ya sabéis el agarre en el lugar adecuado, el escalón a la altura indicada…Aquí llegando a la cima
Nuestro banderín del Bar Llamas estaba en la mochila de Borja, por tanto tuvimos que posar sonrientes pero sin él. A cambio, prometimos tomarnos unas Mahous para celebrar la hazaña lograda.
Pues eso, según los entendidos el vértice esta en el Pico Salamón (1983)
“Por la nieve o por la roca”, piensa el amigo Quique…
Otra de la cresta...
Entre el Pico Salamón y el de En medio, aparece una canal con una pinta interesante. ¿Llegará hasta abajo? ¿Se podrá subir con hielo? Todas estas preguntas se le pasaban por la cabeza al bueno de Enrique mientras le fotografiaba desde la arista.
Con los pies fríos bajábamos. Otra vez la niebla lo tapó todo; fue una suerte que arriba nos otorgara el placer de ver algo…
Llegando al bosque unos rayos de sol aparecieron para terminar de manera luminosa una entretenida jornada.

En el bar, las Mahous y Serafín, gran conocedor de la zona, hablándonos de más montañas, nos dejaban “embobaos”. Al salir del bar, el frío era importante, pero como dicen por la zona, “No hay mejor abrigo que una cuesta arriba”.

2 comentarios:

Borja dijo...

Pues eso, que mucha envidia me dais...

Raul dijo...

Recorrido wapo, esa arista parece acojonante :P

Saludos!