miércoles, 30 de septiembre de 2009

Expedición Nisia a Ladakh 4: Khyema Peak (4.820m) Un mirador al Karakorum

Viene de aquí

La verdad es que si la temperatura por el día era más que agradable, por la noche tampoco bajaba mucho, 7º u 8º, dentro de la tienda al amanecer. Así que, con el saco de pluma que me prestó mi hermano Íñigo, iba más que sobrado. Lo peor llegó por la mañana, tras desayunar (dos o tres tazas de te, leche con muesli, pan tostado con mermelada) al lavarme los dientes me dio una arcada y eché más de media ración. Ya me había pasado el día anterior... el caso es que no me encontraba mal, supongo que serán cosas de la altura. Lo que me preocupaba era no alimentarme bien y que luego me entrara la pájara.
En fin, que tras este bonito prefacio vamos al lío. Amanecimos en Khyema, que está a unos 4.000 metros de altura. Otra vez un día precioso. Recogimos trastos y empezamos a atravesar el pueblo para salir. Una imagen curiosa: el pasado y el futuro de las energías renovables. Lo que hay en el tejado de esa casa es una pequeña placa solar, muchas tienen una para abastercerse de electricidad y lo que hay al lado son boñigas de yak puestas a secar que se utilizan como combustible. Qué cosas.

Seguimos nuestro camino y nos encontramos cone esta casa con dos esvásticas pintadas junto a la puerta. Se trata de reminiscencias de la tradición prebudista de esta zona, cuando imperaba la religión bon relacionada con el hinduismo. Por supuesto, nada que ver con los nazis, si alguien quiere saber un poco más acerca de este símbolo, aquí hay un buen artículo.

Y sin más, despidiéndonos de los aldeanos que nos íbamos encontrando, dejamos atrás el pueblo de Khyema...

...y empezábamos a remontar el valle para cruzar el río y encaminarnos al collado que nos tocaba franquear hoy: el Khyema La, de 4.640 metros de altura.

Vaya, nos toca perder un poco de altura, bueno, tenemos todo el día y la jornada de hoy tampoco parece tan dura sobre el mapa.

Cruzamos el río por otro precario puente...

...y ya enfilamos hacia el collado. De paso, nos fijamos en el montecito que hay siguiendo el cordal... bueno, cuando estemos por allí, a lo mejor nos acercamos...

...la verdad es que el sendero de hoy es muy cómodo y haber subido los dos días anteriores por encima de los 5.000 metros se nota bastante. Así, a pesar de que regurgité medio desayuno, me encuentro a gusto. Stantsing, Manuel y Andrés, eso sí, van un poco mejor que yo, así que aprovecho la distancia que me sacan para tirar de zoom...

...también Manuel tira de zoom y consigue sacar a nuestra pequeña caravana del desierto. Ahí van los caballos, poco después de atravesar el río.

Vamos ganando altura y ya tenemos el colado a tiro. Poco después de sata foto, todos menos yo vieron un rebaño de bharales, los corderos azules del Himalaya. Precisamente en el libro que me había llevado al trekking, El leopardo de las nieves, Peter Mathiessen a ver si un día lo reseño en la sección Mi biblioteca de montaña, que la tengo un poco abandonada.

Bueno, en algo menos de tres horas hemos coronado el collado. Unos 700 metros de desnivel, no está mal. Como siempre, lo mejor de legar a un collado es que te quedas extasiado con las vistas que hay al otro lado... la siguiente foto es una dramatización de esta afirmación. Por favor no repitan estas poses en la vida real, les tomarán por domingueros. Por cierto, a esas alturas del trekking yo, por lo menos, había perdido toda noción del día en que vivía. Sin duda uno de los grandes placeres de este viaje.

Como era pronto y no íbamos mal de fuerzas, decidimos completar el día ascendiendo a la cima que coronaba el cordal, la que vimos en la foto de antes. Stantsing calculaba que en una horita estaríamos arriba. Pues nada, vamos allá, que cuanto más tarde salgamos, más tarde llegamos...

...un miradita hacia atrás y vemos cómo los caballos llegan ya al collado...

...nosotros seguimos los pasos de Stantsing. La verdad es que estos tíos están hechos de otra pasta, qué manera de caminar...

...además sus cálculos eran correctos, porque apenas tardamos 50 miuntos en llegar a esta pequeña cima. Bueno, el altímetro me marcaba 4.800m, aunque después comprobé en el mapa que figura con 4.820m. Vamos un poquito más que el Mont Blanc. Ahí estamos, posando para el patrocinador.

...también grabamos un pequeño video...
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...después intentamos un "pochosalto", pero no tardamos en darnos cuenta de que esa disciplina requiere de na habilidad para la coordinación de la que nosotros carecemos completamente. Esto es lo más parecido que nos salió...

...y después de hacer un rato el chorras, que se nos da bastante mejor que esto del montañismo, nos dedicamos a deleitarnos con las vistas que teníamos desde tan privilegiada atalaya. Ése es el valle del río Shyok y las montañas que se ven al fondo pertenecen ya al Karakorum. Por cierto, tal vez alguien continúe intrigado por cómo acabó la aventura de Andrés por esas montañas. Sí hombre, ¿os acordáis que hace un año que volvió del Spantik y todavía no ha terminado de contarnos la expedición? Es que es un hombre muy ocupado, pero ha prometido que antes de que acabe el milenio lo acaba. Por cierto, que cuando finalice yo mi relato, sólo le quedan dos o tres capítulos, es él quien tiene que continuar contando el resto del viaje... en fin, encomendémonos al santo del día...

Bueno, que me enrrollo. Pues eso, que seguíamos disfrutando de las vistas. Stantsing de la tierra en la que nació...

...y Andrés de una tierra en la que se siente como en casa. Ahí lo tenemos, que no le quita ojo a "nuestra" montaña, sí, sí, aquella que tiene una pala de nieve que, según Vidal, "se esquía"...

...dice que se esquía y, si él lo dice fijo que se esquía, mirad el vídeo que tiene colgado en su blog. Con tu permiso, compañero, y el del señor Villegas.


Bueno, después de esta pausa, regresemos al mundo de los mortales. Ahí los tenéis, bajando de la montaña de nuevo hacia el collado, ahora toca seguir bajando, hacia la izquierda, el camino se ve perfectamente...

...pasamos por Khyema La (4.640m), añadimos una piedra al montoncito, es lo que se suele hacer para dar gracias por haber llegado hasta aquí, y continuamos nuestro camino...

...ahora andamos por una auténtica autopista, es cuesta abajo, las vistas son una pasada y hace un solecito muy agradable, ¿qué más se puede pedir?

¿Tengo o no tengo cara de felicidad? Y eso que en la bajada me ha empezado a molestar un poco la rodilla izquierda, esperemos que no vaya a más y que no sea nada serio. Abajo ya vemos el lugar donde vamos a plantar el campamento, allí donde empieza lo verde...

Antes tendremos que llegar hasta la carretera, que serpentea valle abajo. Es la que baja del Wari La, por la que vinimos desde Leh para empezar el trekking. Ya comenté que haríamos una ruta circular para ir aclimatando antes de entrar en el valle en cuyo fondo se sitúa "nuestra" montaña.

En un momento dado, abandonamos el cómodo camino y campo a través, más bien, pedregal a través, buscamos la carretera...

...nos toca caminar un poco sobre el asfalto. La verdad es que no tiene peligro porque por aquí pasan dos o tres coches al día.

A mitad de camino nos encontramos esto. Es una roca pintada como si fuera un serpiente. Dedujimos que la habían hecho los obreros que construyeron la carretera, no sabemos si para matar el rato, por un tema religioso, por una apuesta o para ponerse a jugar a la rana con la tapa de las latas de berberechos...

...y sin más, llegamos al campamento, que llevaba ya un rato instalado. Eran las cuatro de la tarde, así que llevábamos siete horas de marcha, incluida la siesta que nos marcamos en nuestra cima del día. No está mal.

Como hace buena temperatura, decidimos que puede ser un buen momento para hacerse un lavado general, que estos días hemos ido tirando con el aseo diario estilo gato y poco más. Antes de nada, pido disculpas por si la siguiente imagen hiere la sensibilidad de algún ser humano...

...con toda la tarde por delante, unos se dedican a reponer fuerzas...

...otros a intentar desasnarse un poco...

...otros a tomar buena nota de la información de la jornada...

...y otros, simplemente, a meter los pies en el regato y disfrutar del momento, que mañana habrá más, pero serán otros.

Y aquí dejo el mapita de wikiloc para el que quiera situarse un poco. El track sólo marca la ascensión desde Khyema La hasta la cima. Para descargarlo, pincha aquí.

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domingo, 27 de septiembre de 2009

Expedición Nisia a Ladakh 3: Por el collado sin nombre

Viene de aquí

Después de la gratificante experiencia del día anterior, dormimos bien. A mí me dio un pinchazo en el lumbar, una vieja lesión que no termino de curar. Me tomé un antinflamatorio y sin más porblemas. La mañana amaneció como siempre con un día perfecto...

Estas mujeres que subían el ganado a los pastos altos, todavía verdes se pararon a desayunar con nosotros...

...y tras preparar las mochilas, comenzamos a caminar. hoy nos iba a tocar pasar por ese collado que hay arriba a la izquierda. Son 5.000 metros y según nos dicen por ahí no pasa nadie. No es que no haya pasado nadie es que casi no se utiliza.

Allá van Andrés, Manuel y Stantsing remontando un poco el valle...

...y cruzando el río para buscar ya la mejor manera de enfilar hacia el collado.

Un poco más abajo, las mujeres continúan valle arriba con sus burros y sus vacas... ¡yuleh!... les gritamos

Vamos para allá, el día es espléndido, nos encontramos fuertes después de la palicilla de ayer y el camino es llevadero...

...abajo, los caballos ya han salido del campamento y Andrés les hace esta foto caminando entre dos arroyos. Hoy les espera una buena...

...nosotros seguimos tomándonoslo con calma y como vamos bien nos dedicamos al karaoke. No tenemos piedad ninguna y destrozamos el silencio del lugar berreando a tres voces viejos éxitos de The Platters, el mítico "Remember when", lo clavamos, y este otro clásico pues no nos quedó mal, no.

La sensibilidad estaba tan a flor de piel que me detuve a fotografiar estas margaritas. Por cierto, crecían a 4.700 metros...

...Manuel prefirió hacer una bonita composición, fijaos qué poses, son de pasarela Cibeles.

Echando la vista atrás, vemos la montaña que, ingenuos de nosotros, intentamos subir ayer por la tarde. Nos quedamos en la peña que se ve a la derecha, anda que no nos faltaba...

...pero miremos hacia adelante, que parece que ya queda menos para coronar el collado...

...nada, nada, que ya estamos ahí...

Andrés me retrata dando los últimos pasos...

...y ya casi sobre el collado...

...pues nada, que ya estamos ahí...

...vamos a ver el vídeo.
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¡¡¡Yupiiiii!!! Los tres barbudos en este collado sin nombre por el que no pasa nadie.

Comemos un poco y nos entregamos a una reparadora siesta. Esto es aclimatar y lo demás tonterías...

Un rato después iniciamos el descenso...

...primero rodeamos una peña...

...y nos dirigimos al collado, un poco más bajo por el que han pasado los caballos...

...ahí bajan, con mucho cuidado, eso sí, hacia Khyema, el pueblecito donde montaremos el campamento.

sabemos que nos espera una bajada larga y fatigosa, así que nos decidimos a utilizar la arriesgada técnica Düffler para hacer más llevaderos estos descensos. Se trata de empezar a discutir sobre un tema sobre el que ninguno tenemos ni pajolera idea...

...en esta ocasión nos decidimos por la zoología, más concretamente por la taxonomía de Linneo...
...así, entre géneros, especies, familias y demás conceptos de la nomenclatura linneana, las tres horas largas de descenso se nos pasaron en un pis pas. Cuando nos quisimos dar cuenta estábamos caminando por la acequia que riega los campos de Khyema.

Ahí está su pequeño monasterio...

...y ahí sale el alcalde a recibirnos, éste estaba el otro día en la fiesta de Khyengru y tiraba al arco como un campeón...

...el tío nos invitó a su casa y allí nos dejó, con un termo de gurgur que luego cambió por un vaso de chang tras otro. Muy amable, pero al final tuvimos que decir que no, gracias, que empezábamos a ver doble...

Plantamos el campamento. Los caballos se rascan el cuello los unos a los otros. Mañana franquearemos aquel collado de allí, el Khyema La, y subiremos al montecito que hay a la izquierda.

Nos aseamos un poco antes de cenar...

...y leemos un poco después de cenar...

...los críos se acercana curiosear...

...y otra vez la luna sale a despedirnos por el este...

...mientras, al otro lado, el sol se oculta dejando una estela de fuego tras las montañas.

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