lunes, 24 de marzo de 2008

Semana Santa en Pirineos 1: Bisaurín (2.670m) a salto de mata

Esta Semana Santa, tres miembros de The South Face Extrem Nisio Team nos fuimos a Pirineos. La expedición estaba formada por Andrés Mr.Churches Iglesias, por mi hermano Jorgito y por un servidor de ustedes.
El miércoles a las once de la noche, hora a la que por fin pudimos juntarnos los tres, salimos de Valladolid en la furgoneta de Jorgito que como el mismo dice, es más mítica que la goma de Milán. Pusimos un poco de rockanroll y empezamos a debatir sobre una cuestión fundamental ¿a qué zona vamos? ¿Qué montaña subimos? Sí, para no perder las buenas costumbres la falta de previsión era total.
Con los mapas de todo el Pirineo oscense en la mano, las sugerencias iban y venían sin que llegáramos a ninguna conclusión, hasta que a las dos de la mañana paramos a dormir en algún punto entre Estella y Pamplona. A las ocho de la mañana continuamos nuestro viaje sin tener claro aún hacia dónde nos dirigíamos hasta que ya a pocos kilómetros de Jaca decidimos acercarnos al Bisaurín.
La verdad es que hacía tiempo que le teníamos ganas a esta montaña y yo más aún desde que este vídeo del compañero Josemi me puso los dientes largos. Así que poco antes de las once de la mañana llegamos al refugio de Lizara dispuestos a subir a la cima que por fin teníamos enfrente. Ya que el día había salido bueno optamos por ascender por la cara norte y descender por la vía normal.
Sobre las once y cuarto empezamos a caminar por el GR11.1, con las botas de plástico metidas en la mochila y pensando que ya va siendo hora de pillarse unas de esas semirrígidas tan chulas.
No tardamos en llegar al desvío, que sale hacia la derecha (Noreste), bien señalizado con un gran mojón como se puede apreciar en esta pésima foto en la que he cortado la cima de la montaña de la derecha.
Poco después aparece el refugio de Ordelca, que pasamos de largo para no perder mucho tiempo.
A la vuelta de una loma podemos ver el camino que asciende hacia la Plana Mestresa, la verdad es que andábamos a gusto y a buen ritmo por aquí.
Una miradita atrás cuando empezamos a pisar los primeros neveros...

...que nos hacen ponernos las botas de plástico, justo antes de llegar a la caseta de Vernera, rayando ya los 2.000 metros de altura. El refugio está a 1.540, así que... ya nos queda menos.

Poco después llegamos hasta este magnífico paraje ante el que nos quedamos un rato boquiabiertos. Francamente bonito. Hacia allá arriba nos dirigimos, una travesía nada complicada pero por prudencia nos ponemos los crampones, nunca se sabe cuando puede llegar un resbalón, ¿verdad Josemi?
Vamos ganando altura sin poder evitar mirar alrededor, lo mejor de todo es que estamos solos, el resto de gente que había en el aparcamiento ha subido por la vía normal.
Jorgito abre la marcha siguiendo una vieja huella...

...o abriendo una nueva en ocasiones
Mientras, yo no puedo parar de sacar fotos, como ésta en la que Andrés aparece con el macizo de Vernera detrás.
Ya casi hemos ganado el falso collado, el de verdad, el de Secús está un poco más arriba...
...allí.
Afrontamos estas palas con decisión y ganando altura progresivamente....


Hacia el Este, entre las nubes aparece la majestuosa figura del Midi d´Ossau, gracias por la correción Igertu,...

...hasta que llegados a este punto cambiamos nuestro plan inicial de llegar hasta el collado de Secús y elegimos esta otra alternativa que nos parece mucho más atractiva.
Al llegar a casa he podido comprobar que es la misma ruta que el compañero Igertu realizó el pasado 27 de enero y al verlo me ha hecho gracia porque algunas fotos son casi iguales. Por cierto, si alguien quiere información útil de verdad sobre esta ruta que pinche en el link.

En la subida, el contraluz ofrecía preciosas imágenes...
...que yo me paraba a captar con la cámara, así de paso descansaba un poco porque, la verdad, iba ´bastante justito.
Y ahora aparece la última pala, la que lleva a la arista cimera. Muy bonito, pero con un puntito más de forma la hubiera disfrutado de verdad.
Arriba, el viento levantaba la nieve...
...y en algún momento alguna nube nos metió un poco el miedo en el cuerpo... como se adelante el temporal...
Pero no, el día seguía despejado y ya quedaba muy poquito. Superar esa cornisa...
...y plantarnos en la preciosa arista que nos llevaría a la cima. Allí va Jorgito. A mí al final me mordió el perro en el cuádriceps y tuve que parar a estirar un poco...
Pero al final llegué arriba donde nos hicimos la foto de rigor. Lo mejor de todo fue que cuando estábamos haciéndonos las fotos, apareció un tipo corriendo con un perro. Sí, llegaba a la cima corriendo, en zapatillas de deporte y camiseta... ¡Y nosotros allí con crampones, cortavientos y demás material! En fin, distintas formas de disfrutar la misma montaña.
Una panorámica con el Midi a la izquierda y... ayuda para identificar el resto de cumbres, por favor.
Iniciamos el descenso hacia el Sur...
...y en apenas dos horas ya estábamos llegando al refugio después de una gran jornada de montaña...
...que festejamos como dios manda. ¡Salud!


Estoy teniendo algunos problemas técnicos, cuando los solucione completaré este repor con unos bonitos vídeos, como siempre

lunes, 17 de marzo de 2008

Paseo familiar por la Sierra de Salamanca

Después de un par de ajetreadas semanas ocupadas en mudanzas y bodas, por fin sacamos un día para dar un paseo por el monte. En esta ocasión, The South Face demostró su decidida apuesta por la cantera y nos fuimos con las sobrinas a hacer una ruta por la Sierra de Salamanca, creo que esta parte todavía pertenece a la Sierra de Las Quilamas. En concerto, salimos desde San Esteban de la Sierra con la intención de llegar a San Miguel de Valero, aunque finalmente acortamos un poco el paseo para que nos diera tiempo a llegar a comer cuando habíamos reservado.
El recorrido comienza en la parte baja del pueblo, junto a esta preciosa casa de arquitectura serrana y siguiendo desde las fuentes por el camino de las huertas, bajando hacia el río. Aquí María y Vega ya están preparadas para la jornada provistas de mochila, bastón y gorra... de los que se irán desprendiendo por el camino.
La verdad es que la ruta no tiene pérdida, está perfectamente señalizada con estas marcas de GR que a veces se solapan con otras de PR. Esto nos dio ocasión para que las niñas estuvieran entretenidas buscándolas a modo de juego, lo que les hizo más llevadero el paseo.
Al salir de las huertas llegams al río, que cruzamos por este magnífico puente. Después seguiremos a la izquierda...
...por aquí. María quería ir de guía y mi santa esposa, Raquel, la acompañaba.
No tardamos en dejar atrás el pueblo y una vez cogida un poco de altura las vistas son preciosas.
Algunas jaras ya están en flor.
El camino va remontando poco a poco la ladera y el calor empieza a notarse, tanto que María me pasa su gorra, que tiene un dibujo de Shrek y leds incorporados, por si se nos hace de noche, me explica.
Atravesamos pequeños olivares y jugamos a identificar los árboles. Las niñas, sobre todo Vega se los saben todos: el olivo, la encina, el alcornoque...
Ahí va la tropa, en fila de a uno con María en cabeza guiando la expedición y comiendo avellanas y galletas...
El desnivel positivo son algo más de cien metros y muy suavecito. Justo hasta dar la vuelta a la loma tras la que empieza el descenso hacia Valero. La carretera que vemos al otro lado conduce también a este pueblo.
Aquí, María ya no lleva ni gorra, ni bastón, ni mochila y corre cuesta abajo en camiseta, disfrutaron como enanos, que al fin y al cabo es de lo que se trata.
El calor apretaba y Vega se paró a refrescarse un poco en este bonito paraje.
Y aquí estoy yo, con la gorra de Shrek, y sudando la gota gorda por el calor y porque llevo casi tres semanas en las que el único ejercicio que he hecho es subir y bajar cajas.
En apenas dos horas ya vemos el pueblo de Valero allí abajo. Obsérvese a José Ángel, hermano de Raquel y por ende mi cuñado, que camina al más puro estilo Labordeta.
Llegamos a la plaza de torosy comprobamos que la subida de 350 metros de desnivel hasta San Miguel de Valero, donde habíamos dejado el otro coche, puede hacerse un poco dura para las niñas y, sobre todo, muy lenta para el grupo con lo que llegaríamos tarde a comer, así que decidimos subir sólo los machotes.

Tardamos media hora a buen ritmo y con ello terminamos de ganarnos el chuletón en La Terraza, el mítico restaurante de Santibáñez de la Sierra que, en ocasiones, se hizo más duro que las últimas rampas, pero que conseguimos concluir con éxito.José Ángel sugirió que la próxima vez hagamos la ruta en sentido contrario... No sé, no sé... no veo muy claro yo eso de empezar por el chuletón.

lunes, 3 de marzo de 2008

Fin de semana en Picos 2: Pica del Jierru (2.424m) y casi la Morra

Después de la paliza de diez horas que nos habíamos dado el día anterior en Peña Castil y teniendo en cuenta que anunciaban un empeoramiento del tiempo, el domingo decidimos dar un paseo por el Macizo Oriental, desconocido para nosotros. Así pues, nos plantamos en Hitu Escarandi y sobre las ocho y media empezamos a andar hacia el Casetón de Ándara. ¿Pero no nos habíamos levantado una hora antes que ayer? ¿Cómo es posible que empecemos a andar a la misma hora?
En fin...amenicemos esta jornda con este apropiado tema Luego se podrá comprobar que mis viejas botas están hechas para caminar, pero no para meterse en fregaus de nieve dura sin crampones.

...aunque el cielo estaba cubierto, parecía que aguantaría un rato sin llover, así que cogimos buen ritmo y en algo más de tres cuartos de hora nos plantamos en el refugio.
Tras una breve pausa para beber y preguntar a la gente del refugio decidimos tirar hacia la Morra de Lechugales, máxima altura del Macizo Oriental con 2.444 metros. Justo la misma altura que la montaña que subimos el día anterior. Qué curioso.
Nuestra idea era andar hasta que empezara a llover y, entonces, darnos la vuelta. Aquí Ander consulta el mapa, ya digo que era nuestra primera incursión en este macizo... a la derecha o recto hacia arriba... luego nos dio igual porque ambos caminos llegaban al mismo sitio.
Desde aquí contemplamos el Castillo de Grajal, esa gran peña que aparece el frente. Por el collado que hay a su derecha nos tocaba subir.

Andrés pasando por debajo del Castillo de Grajal...
...y allí, a la derecha, muy pequeñito, Fernando llegando a la cima de esta peña de 2.091 metros. La larga jornada del día anterior había hecho mella en él y decidió darse la vuelta antes que nosotros, eso sí, no sin antes hacerse una cima. La montaña del fondo es la Pica del Mancondiú, justo encima del Casetón de Ándara.
Así pues, Andrés, Ander y yo continuamos para bingo. Como se puede ver por un camino bien marcado y bien carente de nieve.
Hasta que llegamos al Collado del Mojón, a 2.208 metros. Al fondo ya veíamos la Silla del Caballo Cimero (2.436m) y las verticales paredes de la Silla del Caballo Bajero.
Aquí, unos tipos que iban a la Rasa de la Inagotable nos dieron unas indicaciones...


Eso, a ver qué pasa... porque sí el día anterior nos habíamos subido 15 kilos de matrial en la mochila, esa mañana nos lo dejamos todo en el coche. ¿Para qué?, nos habíamos dicho, para pasearlos...
Bueno, de momento, ahora nos quedaba toda una cresta sobre el Hoyo del Evangelista. Así se veía lo que nos quedaba desde el Pico del Grajal de Abajo (2.248m)

Aquí, el camino bordea el Pico del Grajal de Arriba...
...y nos lleva hasta la parte más bonita del cresterío...


...que en poco tiempo nos lleva hasta el punto clave de la jornada. Parecía una película, "éramos tres, pero sólo teníamos un piolet así que decidimos enviar a la cima a nuestro mejor hombre"...


¿Excesiva prudencia por mi parte? Seguro que sí. También compañerismo de Andrés, que se vino conmigo a la Pica del Jierru y se quedó con muchas ganas de irse para la Morra, que se le notaba mogollón. Después, Ander nos dijo que sí, que tenía un paso con la nieve más dura, sin huella... Si hubiera llevado el piolet, todavía me lo hubiera pensado, pero con las suelas desgastadas de mis viejas chirucas... ni harto a petit suisse.
Total, que allá se va Ander... Hay que decir que en principio pensamos que esa peña de enfrente era la Morra, así que...
...se pegó una trepada...
...y llegó arriba...
...mientras nosotros coronábamos nuestra cima...

Efectivamente, desde arriba apareció entre la niebla la cima de la Morra de Lechugales. Se lo hicimos saber a Ander con un par de gritos y mientras nosotros posábamos de esta guisa en la Pica del Jierru (2.424m)...
...él se encaramó, ahora sí, a la cima de la Morra de Lechugales. Los demás... ya volveremos.
Volvimos por el mismo camino y otra vez andando a buen ritmo. Habíamos hecho cima a eso de la una y media y no queríamos emprender el regreso muy tarde, que Andrés y Fernando tenían una tiradita hasta Madrid.