
En la foto ut supra, aparecemos sonrientes, pero no todo fue un camino de rosas, amigos, antes al contrario hubo momentos en los que nuestras vidas peligraron y solamente nuestra sobrehumana condición física y nuestra preparación psicológica nos permitieron... bueno, vale, me he pasado. Fueron ocho días de trekking bonito, medianamente exigente que nos condujo desde el pueblecito de El Chaltén hasta el Hielo Sur, franqueando el Paso Marconi, y de nuevo al punto de partida a través del Paso del Viento. Es la que los libros de historia conocen hoy como:

Tras doce horas de vuelo a Buenos Aires, y otras tres hasta Calafate con escala en Ushuaia, la ciudad más austral del planeta, la verdadera expedición comenzó, cómo no, con una animada charla en torno a unas cervezas. A falta de Mahous, buenas son Quilmes. Aquí empezamos a conocer al resto del grupo, todo gente maja, como el amigo Iñaki.

Al día siguiente, viajamos en autobús hasta El Chaltén por carreteras de ripio, con parada en sitios tan espectaculares como éste donde empezamos a descubrir la verdadera dimensión de la Patagonia. Ese cielo era así, juro que no he retocado la foto.

Y por fin, a lo lejos, el Fitz Roy, la montaña que íbamos a circundar a lo largo de ocho días, a cuyos pies se encuentra El Chaltén, el punto de partida de nuestro trekking.

Empleamos la tarde en pasear por las calles del pueblo, siempre bajo un intenso viento...

... y con la silueta del Fitz Roy y la aguja Poincenot recortándose en el horizonte.

A la mañana siguiente, por fin, abandonamos el coqueto hostel en el que nos alojábamos...

... y montamos en el minibus que nos evitó unos cuantos kilómetros de caminata.

Éste era el camino que nos esperaba la primera jornada.

Primero un tranquilo paseo por un bosque de lengas...

... hasta el refugio de la Piedra del Fraile, base de operaciones de los montañeros que van al Fitz, donde nosotros paramos para comer algo.

Allí nos cruzamos con un grupo que bajaba y que había estado cinco días esperando buen tiempo para cruzar el Paso Marconi y finalmente se dieron la vuelta. ¡qué buen rollo! A nosotros podía pasarnos lo mismo y que nuestro trekking se redujera a cinco días metidos en una tienda de campaña. De momento, proseguimos la marcha bajo una fina lluvia...

... hasta llegar al Lago Eléctrico. Al otro lado estableceríamos nuestro campamento, claro que antes tuvimos que cruzar el río Pollone, ése que baja por la izquierda. Los más observadores se habrán dado cuenta de que, efectivamente, no hay puente. Los más machotes se descalzaron y vadearon el río a puro huevo, los patrocinados por The South Face lo hicimos sin quitarnos las botas. ¡Pedazo invento el Gore-tex!, proclamo.

Así, montamos el campamento en un lugar conocido como La Playita, nada que ver con Benidorm, por cierto. Antes de la cena, el viento arrancó de cuajo y rompió una de las tiendas de campaña. La Patagonia nos recibía con su peor cara y todavía quedaba la noche... ¡tachaaaann!

A la mañana siguiente, el día amaneció aparentemente despejado en nuestro campamento, pero totalmente cubierto más arriba, en el Paso Marconi. Así que nos iba a tocar esperar, esperar y esperar... como en la peli de Casablanca.


Cuando dejaba de llover un poco salíamos de la tienda a estirar un poco las piernas y a que nos diera el aire. El viento levantaba el agua del Lago Eléctrico y permitía a Íñigo emular a Michael Jackson inclinando el cuerpo hacia adelante.

Y para matar el tiempo, que un día entero metido en una tienda da para mucho, un rato de lectura para hacerse el interesante. El lobo estepario, de Hesse, ahí es nada.

Tras más de 24 horas de espera, al amanecer nuestro gozo se fue de nuevo al pozo. El tiempo era incluso peor que el día anterior, pero cansados de la inactividad, decidimos hacer una excursión remontando el glaciar Marconi.

¿Qué sucederá? ¿Podrán nuestros amigos proseguir su aventura? o por el contrario ¿tendrán que añadir esta expedición a la sección Al filo de lo impresentable?















