lunes, 13 de septiembre de 2010

Escapada a Baztán 2: Monte Azkar (435m) y Cuevas de Zugarramurdi


Viene de aquí

Tras la toma de contacto del día anterior, para nuestro segundo día en Baztán habíamos pensado ascender al Atxuria (756m) partiendo desde Urdazubi, siguiendo la ruta de la guía 100 cumbres de los Pirineos. Sin embargo, el día amaneció lloviendo y aunque al otro lado del puerto de Otsondo el cielo estaba más despejado, al final terminó por aguarnos los planes. Bueno, sólo a medias, porque tampoco se puede decir que desaprovecháramos la jornada.
Dejamos el coche en la plaza de Urdazubi/Urdax, un pueblo en el que ya habíamos estado hace cinco años, gracias al regalo de boda de los compañeros de la facultad: un fin de semana en el hotel Irigoienea, que nunca olvidaremos. ¡Gracias otra vez compañeros! Aquí está el monasterio...
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...y, reflejado en el agua embalsada que va hacia el molino, el monte Azkar que, ahora no lo sabíamos, pero iba a ser nuestra cumbre del día.
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Empezamos a caminar siguiendo las marcas blancas y verdes del sendero local que en el primer tramo coincidían con nuestra ruta hacia el Atxuria.
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Salimos del pueblo hacia el cementerio tomando la referencia de aquella casa en ruinas y con un cielo que luchaba con las nubes para permenecer azul.
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La carretera se abandona en una pista que no tarda en convertirse en un sendero que se adentra en un tupido bosque...
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...y que gana cada vez más inclinación. Tanto que con el calor y la cuesta empieza a hacernos sudar.
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Este tramo es precioso, durillo, sobre todo porque te pilla frío nada más empezar, pero precioso. Además el día parece que aguanta...
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Salimos del bosque y tomamos una pista que serpentea entre pastos. Dejamos el Azkar detrás...
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...y la pista llega a una carretera que, por error, empezamos a seguir en un principio. Nos tocó dar la vuelta, volver a leer las indicaciones de la guía y, de nuevo en la encrucijada continuar siguiendo las marcas blancas y verdes. Por cierto, había empezado a llover, pero como, por una vez, fuimos precavidos, llevábamos un paraguas. ¡Vaya! Una gota en mi objetivo...
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Echando la vista atrás, vemos los negros nubarrones arriba y las casas de Urdazubi abajo, entre las laderas del Argindoieta, a la izquierda, y el Azkar, a la derecha. Por el medio hemos subido.
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Vale, ahora parece que el sendero nos lleva hacia ese collado, por el que tenemos que pasar para ir hacia Urbia e Ibaineta, antes de afrontar la subida al Atxuria...
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...sin embargo, el camino nos lleva directamente a una borda, cuyo nombre no localizo, justo bajo la cima del Azkar. Bueno, nos decimos, vamos a subir allí, y luego miramos. Había vuelto a salir el sol y Raquel había vuelto a quitarse la parka. Así nos pasamos todo el día...
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Nada, un corto repecho y casi estamos en la cima. A mitad de camino yo me paro a fotografiar unas moras, que ya estamos en temporada, y de paso a coger un poco de resuello...
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...y ya estamos en la cima del Azkar. Foto oficial con el emblema de nuestro único y fiel patrocinador el Bar Llamas...
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Abajo queda el pueblo desde el que hemos salido hace poco más de hora y media...
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...a ver, un poco más cerca...
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...y con un poco más de zoom, encuadramos el monasterio y casi me da para comprobar que no me he dejado el coche abierto...
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...en esas estamos cuando se levanta un poco de viento, se oscurece otra vez el cielo...
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...aunque peor está por el Atxuria, que apenas se ve, oculto entre las nubes. Hacia ese collado entre los árboles nos dirigimos ahora.
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La idea es seguir esa pista sobre la borda, pero ya vuelve a llover y Raquel abre de nuevo el paraguas...
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...no sirve de mucho porque cae a jarros. Así que nos refugiamos bajo el alero de la casa y aprovechamos para comer un poco de chocolate, manzana y frutos secos... a ver si escampa.
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Después de un rato, parece que cae menos agua, pero parece que el resto del día va a seguir igual, así que decidimos iniciar el camino de regreso con el consuelo de que ya tenemos una cima, pequeña pero cima, en la mochila.
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El sendero baja rápido entre bosquetes y pastos...
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...y pronto estamos en otra pista que cierra un recorrido circular. Por supuesto, Murphy aplica su ley sin compasión y vuelve a lucir el sol...
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...y a pesar de que en un cartel en el collado marcaba el regreso a Urdazubi como 1 horas y 40 minutos, en algo más de media hora ya vemos las casas del pueblo.
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Ya en el coche. En un panel informativo sobre las rutas de la zona. Identificamos en amarillo la que al final nos hemos visto obligados a hacer nosotros. Es el SL-NA-14.
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Y como no somos de venirnos abajo por los pequeños contratiempos de la vida, más bien todo lo contrario, vemos el lado bueno de la adversa meteorología y decidimos darnos un pequeño homenaje en el restaurante La Koska. Los recuerdos de una cena aquí hace cinco años nos abren el apetito y mientras esperamos a que nos den mesa hacemos un brindis L´Oréal, es decir: ¡porque nosotros lo valemos!
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De primero: un revuelto de chipirones de anzuelo...
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...y una piperrada con su huevo frito y todo...
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...lo del chuletón de ternera, mejor no recordarlo. Raquel prefirió el solomillo y también le dio un diez.
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Para pasear la pitanza, nos acercamos a Zugarramurdi, a visitar su famosa cueva de la bruja, en euskera: sorginen leizea.
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...también habíamos estado, pero merece la pena volver. Es un paseíto desde el pueblo. Por allí arriba tendríamos que estar ya volviendo si hubiéramoes hecho la ruta prevista...
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Pasamos por taquilla donde nos atienden muy bien y entramos a ver las cuevas. Primero hay que recorrer un poco el entorno y subir a un mirador desde donde vemos el bonito pueblo...
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...por el camino nos encontramos esto: Gran país éste donde los cerdos son igual de grandes que los caballos. Una vez hecha la gracia de rigor, que me la habían puesto a huevo, aclararé para los que los desconozcan que se trata de un pottoka, una raza de caballo enano vernácula de esta zona.
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Cruzamos y empezamos a remontar el Arroyo del Infierno, lo que queda del agua que hace un porrillo de años horadó la cueva. Éste camino era habitual de los contrabandistas que en tiempos cruzaban a un lado y otro de la frontera con Francia, que está ahí mismo.
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Ésta, que impresiona de verdad así de día, pero que, de noche, con la historia que guarda en su interior debe acongojar bastante. Aquí se reunían las brujas a celebrar sus akelarres, fiestas que presidía el mismísimo demonio en forma de macho cabrío. De hecho, akelarre, en euskera quiere decir prado del cabrón. De todo esto, se puede uno informar bien visitando después el Museo de las Brujas, que pilla de regreso al pueblo.
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Al margen del asunto brujeril, la cueva desde un punto de vista estrictamente geológico es una pasada y, bueno, también dejando a un lado la geología, la cueva es un lugar fascinante.
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En fin, que al final, a pesar de todo, aprovechamos el día. De vuelta al coche, a lo lejos aparecía el Larrún... bueno, a lo mejor otro día...
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2 comentarios:

Cienfuegos dijo...

Menudos paisajes nos traes hoy. Guapos, guapos. Sobre todo esa cueva, parece de cuento (de cuento de brujas, claro). Y ese homenaje, así si se puede salir de monte.
Un saludo

Anónimo dijo...

Parece preciosa, un lugar magico.. ojala pueda ir ahi algun dia..