martes, 6 de octubre de 2009

Cueto Ancino (1.729 m) o el pequeño K2 leonés.

Son las 16:00 hora española, al fin podemos decirlo, estamos sobre la cima del K2… del pequeño K2 leonés, se entiende. Así, comunicábamos a Borja, que estaba en la sobremesa de una pantagruélica pitanza, que habíamos llegado a la cima del Cueto Ancino. Y es que, efectivamente, el parecido de esta hermosa montaña con el gran montañón es notable. Hace muchos años tuve la oportunidad de acercarme a las faldas del K2, lo justo como para alucinar con la valentía de los que se atreven a enfrentarse a esos hielos y abismos… Recordé una vieja foto, de las de papel, de esas que se sacaban y que fuera lo que dios quiera… hoy, aprovecho la oportunidad para escanearla…


Además, tengo esta otra con el Cueto Ancino para poder hacer las pertinentes comparaciones.



Así, a bote pronto, lo primero que salta a la vista es que los años me han caído como hostias… y perdonad la expresión, pero es que me fastidia. Y, sí, ambas montañas se dan un aire, salvando los casi 6.900 metros de diferencia que existen entre sus respectivas alturas. Aún así, qué bonita es…



Pero comencemos desde el principio. La mañana del sábado, nos acercamos al valle de Curueño, con la intención de quitar una x de nuestra colección. Así nada más pasar Nocedo de Curueño, nos tocó preguntar el camino hacia la cumbre, entre unas cosas y otras no llevábamos información sobre la ascensión.



Nada más pasar el viejo y abandonado balneario de Nocedo de Curueño, un puente nos lleva a una pista que con dirección hacia la Vega de Oville, será el comienzo de nuestra caminata. Desde allí el Valdorria.



Continuamos por la pista. Habíamos salido tarde y con calma, en Santa Colomba de Curueño habíamos desayunado al sol charlando con el dueño del restaurante El Mayorazgo de León, por eso no es de extrañar que casi a la una divisábamos por primera vez la arista del Cueto Ancino.



Las vistas sobre el Valdorria era cada vez mejores.



Para variar, improvisamos, decidimos hacer toda la cuerda subiendo previamente al alto de Campayagua. Así nos salimos de la pista y en unos minutos llegamos al collado que daba comienzo a la pequeña arista. A ratos parecía que se insinuaba un sendero, con algún mojón, incluso.



La arista es muy fácil, perfecta para iniciarse ya que tienes escapatorias por todas partes.



Los agarres son evidentes y no presentan problemas.



Pronto, divisamos nuestro objetivo que desde la distancia, parecía inexpugnable.



Aún así, caminábamos por el filo, ancho y fácil.



Ahora, distinguíamos el Bodón…¡Qué gran montaña!



Poco a poco encontrábamos pasos, es fácil perder la senda… si la había…



Abajo, podíamos distinguir las Majadas el Caserío, punto en el que se encuentra el camping.



A partir de este momento, encontramos más mojones. Son varias las opciones y todas nos obligan a utilizar las manos.



El ascenso es muy fácil, pero hay que extremar las precauciones.



Poco a poco el camino a la cumbre se hace evidente, y los hitos se suceden con más frecuencia.



Habíamos llegado.



La foto de rigor, con nuestro patrocinador oficial.



Las vistas son brutales, es un gran mirador. Por un lado el valle de Valdeteja.



Por el otro, un sin fin de montañas. Fácilmente distinguimos el Espigüete, el Curavacas, Peñas Pintas, el Jaido…



Desde aquí, vemos la cuerda por la que hemos llegado a la cima, con el Alto de la Campayagua al fondo.



Jorge, recordando la ascensión al Bodón.



Y un par de panorámicas. Hacia el Este…



Hacia el Oeste…



Momento en el que comunicamos el éxito de nuestro intento…lo que tiene el móvil…



Frente a nosotros, al otro lado del río curueño, la peña Verde. Aquí un detalle que pude ser interesante si el invierno trae nieve y frío…



Otra imagen del Caserío.



En la bajada mucho cuidadín, un resbalón y directos al hayedo.



Poco a poco, no es complicado.



Momento de sensibilidad otoñal…



Las nubes, empezaban a cambiar las luces del día, es un formidable paisaje.



Decidimos, bajar directos al hayedo de Tejedo, a nuestra izquierda en la bajada. Encontramos algún sendero y con ellos, la basura. Aquí recogiendo una botella que estaba semioculta entre las piedras… la bajaremos al contenedor, estará mejor allí junto con algún que otro envoltorio que también encontramos. Sobran comentarios.



El bosque se empieza a tupir, pero algún claro todavía me permite ver el Bodón.



Ni que decir tiene que recorrer un hayedo en otoño es una de esas cosas que nadie se debería perder en esta vida.



Y para despedirse, el Cueto Ancino nos regala esta paleta de colores.



Una montaña muy recomendable.

7 comentarios:

Cienfuegos dijo...

Pues un pico muy guapo, si señor y además no me pilla lejos de casa (que es que yo soy muy vago para esto de los desplazamientos). Por cierto, de la comparación de las dos primeras fotos también se deduce que la chaqueta de ¿gore? dió buen resultado ¿no?, un webo de años de por medio y la chaqueta sigue impoluta.

Un saludo

Borja dijo...

La verdad es que esa chaqueta de Mr.Churches es más mítica que la goma de Milán.
El chuletón de carne de Cervera estaba de lujo... pero lo hubiera cambiado por un husco de pan en esa cima.

sherpa dijo...

Muy chulo el Cueto, aunque las comparaciones son odiosas en este caso esta muy bien traida.
Por cierto me gustaria saber donde comprais la ropa, parece ser que dura bastante.
Saludos

Patxutxin dijo...

Sois autenticos.

El detalle de ir recogiendo la basura que vemos por el monte, chapeau. Es algo que yo tambien intento hacer cada vez que salgo por ahi.

Pablo dijo...

una de las cosas que me está enseñando este blog, que es muy de agradecer, es que hay tesoros en todos lo rincones (algo así decía Calvin, ¿no?), pero...¿no estarás intentando desviar la atención para no terminar el relato del Karakorum, eh pillín?

Borja dijo...

Ahí, le has dado, Pablo, ahí le has dado...
Por cierto, qué grande Calvin... y qué grande Hobbes, por supuesto

setmil dijo...

Preciso reportaje del pequeño k2 leones,viendo esta actividad le entra a uno las ganas de visitarlo, por cierto muy buenas vistas del Valdorria. Seguir asi un cordial saludo.