martes, 24 de abril de 2007

Tesorero, 2.570 metros, y al fondo el Urriellu

Para celebrar la Fiesta de la Comunidad Autónoma de Castilla y León, este lunes 23 de abril, decidimos pasar el día lo más lejos posible de la campa de Villalar, lugar en el que se conmemora la batalla, más bien escaramuza, que acabó con el movimiento comunero allá por 1521 y que hoy sirve de excusa a los políticos para intentar avivar el escaso y maltrecho sentimiento regional.
Además, para tener doble motivo de festejo me junté con una pareja de Jorges: uno, mi hermano y el otro, el señor Marcos Ozamiz, cuñado a su vez del anterior, a los que felicité en su onomástica.
En fin, que nos cogimos el coche en dirección a los Picos de Europa con la intención de subir a Peña Vieja.
Para variar, la jornada empezó con una gran ejercicio de estolidez por mi parte. La ignorancia y la estulticia nunca faltan en mi mochila y en esta ocasión hice buen uso de ellas a las primeras de cambio, me dije: "bueno, tampoco habrá tanta nieve", me calcé las botas de trekking confiando en el Goretex y me dejé las botas de plástico en el maletero del coche.
Los primeros 800 metros de desnivel los hicimos muy rápido porque estábamos frescos y porque pagamos los 12,50€ del teleférico de Fuente Dé. Al llegar arriba fue cuando me apercibí de mi idiocia y de sus consecuencias: me iba a calar hasta los metacarpos. Por ello, esta ascensión podría encuadrarse dentro del capítulo de Al filo de lo impresentable, pero por no hacer más sangre, la incluiré en El reto del alfabeto, aunque no en la "v", sino en la "t", como se podrá comprobar más adelante.
Pero bueno, acostumbrado a este tipo de situaciones comenzamos a caminar siguiendo la huella por nieve blanda, pero bien pisada.
El calor apretaba y el día se presentaba magnífico, así que, bien untados de cremita, y no quiero chistes fáciles al respecto, avanzamos en nuestra ascensión. Al fondo asomaba el Espigüete y supongo que el de atrás será el Coriscao, de infausto recuerdo para un servidor como se relató anteriormente en Al filo de lo impresentable. Si estoy en un error, ruego al visitante que lo sepa que deje un comentario con el nombre y rectificaré ipso facto.


La gran acumulación de nieve y el calor hacían que el riesgo de avalanchas fuera evidente. De hecho, atravesamos tramos de aludes como éste, supongo que del día anterior.

Por el camino, nos cruzamos con unos compañeros de montaña que habían subido el domingo a Peña Vieja y nos dijeron que tras pasar el collado de la Canalona, la cara norte tenía un par de tramos bastante helados. Como, en un nuevo ejercicio de estupidez, también había dejado los crampones en el coche, cambiamos de planes y fijamos nuestro objetivo en el Tesorero cuya piramidal figura nos esperaba al frente.

Un par de rampitas más bajo el implacable azote de Lorenzo...

...y pudimos asomarnos al Collado de Horcados Rojos, donde comimos un poco de chocolate y unas nueces, placer que conjugamos con la contemplación del Urriellu en todo su esplendor.


No nos demoramos mucho y comenzamos a subir hacia el Tesorero, siguiendo una huella abierta el día anterior.

Primero directos hacia la cima conocida como los Urrieles, con su curioso agujero en la roca...

...y luego a media ladera por una pala de nieve en la que tuvimos un pequeño percance, que por fortuna fue sólo eso. En un momento dado, el señor Marcos Ozamiz se hundió hasta el pecho y al intentar ayudarle a salir, nos desequilibramos los tres y movimos un poco de nieve. Nada serio, pero nos dimos perfecta cuenta de que lo mejor era pasar por ahí lo más rápido posible y de puntillas.

Sin mayores contratiempos, enfilamos la última rampa de nieve que nos dejó a los pies de la cima...

...y tras una pequeña trepada...

...nos plantamos en la cumbre, 2.570 metros, con el Naranjo detrás y el banderín de nuestro patrocinador: el Bar Llamas, delante.

Eran las tres de la tarde y el último teleférico de bajada era a las seis, así que nos lanzamos hacia abajo a toditita velocidad, no más.


Giramos a la izquierda, bajo la cresta y la ladera que habíamos recorrido antes...
...y enlazamos con la huella que volvía de Horcados Rojos. Al fondo, el refugio de Cabaña Verónica, donde, según nos contó después un pareja, el guarda había seguido con preocupación nuestros movimientos debido al peligro de aludes. Obviamente, ignoraba que formábamos parte del selecto grupo de The South Face, al que la potra siempre acompaña en sus ascensiones, porque yo no encuentro otra explicación a que nunca nos pase nada. En cualquier caso, nuestras disculpas, porque si hubieramos pasado por Cabaña Verónica nos hubieran informado de que era mejor subir por el otro lado.

El buen ritmo del descenso nos permitió relajarnos en el tramo final...
...y volver la vista atrás para señalar con el dedo (cosa que por cierto es de mala educación, así que, niños, no lo hagáis en casa) la cima en la que habíamos estado sólo dos horas antes.

Teleférico para abajo, cervecita fresca que nos habíamos ganado y baño de multitudes en la terraza ante la hazaña que acabábamos de llevar a cabo antes de volver al coche y abrir el maletero. Allí estaban mis botas de plástico escojonándose de mí a la cara. Y con razón.


5 comentarios:

Raúl dijo...

Ey, Borja, muy entretenido tu blog, lo seguiré de cerca, ya que esas montañas que visitas las sigo de bastante más lejos.
A cuidarse, y a por el reto del alfabeto
XDDD

Borja dijo...

Me alegro de que te haya gustado, compañero, esa es la intención.
Y gracias por los ánimos para completar esa titánica empresa que es el reto del alfabeto, pronto actualizaré el blog con algunas cimas antiguas y añadiré algunas cagadas en "Al filo de lo impresentable".
Sé bueno y nos vemos por los montes.

Anónimo dijo...

Hola, me gusta mucho tu blog.Además me ayuda aconcentrarme en mis tareas viendote como te lo pasas por esas altas cumbres.Un beso para todos los montañeros aguerridos

irene dijo...

me acabo de dar cuenta que hay gente que no se queda a comer en el restaurante de antes del funicular. Sí, ése en el que ponen cocido montañés de primero , chuletón con cabrales de segundo, cuajada con miel de postre y sobaos para mojar en el café por si te quedas con hambre.
Es precioso. Sois unos lanzaos.

Raul dijo...

Buena ruta, yo subi con niebla, sin ver ni jota y con un infinito zigzag entre piedras :P

Saludos!